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Batalla de leyenda en los Pirineos en el Tour de Francia

La etapa 17 del Tour de Francia tuvo una emocionante definición. Nairo Quintana conservó el cuarto lugar de la general.

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Batalla de leyenda en los Pirineos en el Tour de Francia
Publicado el 21 de julio de 2022
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etapas restan para terminar la edición 109 de la ronda gala.

En las escuelas francesas y españolas, los profesores suelen relatar una historia mítica de los Pirineos en la que los protagonistas son un dragón y un valiente caballero de cota de malla amarilla.

El dragón merodeaba por la cordillera atormentando a los pueblerinos y robándose ovejas y caballos. Tenía el poder de hipnotizar a sus víctimas, y por eso era difícil de vencer. Sin embargo, el caballero de amarillo pulió tanto su escudo cuando decidió enfrentarlo, que este parecía un espejo y, cuando entró a la cueva del dragón, se cubrió con su escudo y la bestia no vio más imagen que la suya, entonces se hipnotizó a sí mismo y fue derrotado.

Hoy, en la etapa 17 del Tour de Francia 109 de la historia, entre Saint-Gaudens y Peyragudes, sobre 130 kilómetros, el dragón era Pogacar y el caballero Vingeggard. Y es que, en los últimos kilómetros hacia la montaña en la que lucharon Indurain y Chiapucci; Bugno y Zulle; Merckx y Poulidor, el danés, viendo que el esloveno tiraba y tiraba de su bicicleta para derrotarlo, decidió pasar al frente e hipnotizar al monstruo de Klanec con ese destellante maillot amarillo y, aunque no lo venció, no le permitió el botín gordo al cruzar la meta.

La etapa 17 fue épica desde todo punto de vista. Hubo fugas , ataques y desfallecimientos desde el col de Aspin, y los dos contrincantes por el título de la Grande Bouclé fueron perdiendo sus escasos gregarios.

Como Roldán, el furioso soldado de Carlomagno que, al quedarse solo en los Pirineos, sediento y a merced de sus enemigos, tomó su espada y la estrelló contra las montañas, para abrir una brecha que le permitiera, al menos en su agonía, ver los lejanos paisajes de París.

Los dos, Vingeggard y Pogacar, quieren ver ya los techos antiguos de París y dejar atrás las montañas y las luchas interminables bajo el sol inclemente del verano. Quieren entrar por el Arco del Triunfo y refrescarse con el viento que emerge del vagabundo Sena. Quieren ver la Torre Eiffel y terminar, de una vez por todas, la travesía de más de 3.700 kilómetros.

Extenuados

Hartos, cansados y sin equipos, los dos campeones chocaron sus espadas en el Peyragudes. Tan sólo Pogi iba acompañado. Brandon McNulty, un joven estadounidense llamado a pasar a la historia, este miércoles se resignó a ser un gregario de lujo del esloveno, y escoltó al caballero blanco durante toda la subida, protegiéndolo del viento, del calor y de sus rivales. Fue tan poderoso el paso de McNulty, que los demás aspirantes fueron cayendo como frutos maduros de los árboles, y al final, tan solo él, su capitán y el líder de la carrera, permanecieron en punta.

No encontró resistencia

Todos sucumbieron al ritmo implacable del estadounidense: Thomas, Nairo, Gaudu, Bardet, todos. Y el sol los trituraba a todos, y ese camino empinado cargado de manganeso y granito. Pogacar, deslumbrado por el poderío de su rival, a punto estuvo de desmayar, pero sacó fuerzas y atacó en los metros finales, llevándose el triunfo de etapa pero quedándose sin el gran botín, la camiseta amarilla.

Este jueves, rumbo a Hautacam, la última estación del tríptico pirenaico, el esloveno volverá a salir de blanco para gastar su última bala antes de la contrarreloj del sábado y el paseo de la victoria del domingo. No queda más espacio, se acaban los kilómetros, pero el Tour aún no está definido. Tan solo 2 minutos y 18 segundos separan al danés del esloveno en la general. Geraint Thomas, la única baza del Ineos, parece estar clavado en el tercer lugar. No tiene opciones de ascender, pero tampoco hay peligro de que lo tumben de ahí. Nairo Quintana, en otro esfuerzo titánico, se mantuvo en el cuarto lugar, pero sus rivales le cerraron la brecha y, en la crono, quizás pierda dos o tres puestos en la clasificación, con Gaudu, Vlasov e incluso Meintjes.

Sin embargo, todo se puede esperar del boyacense, un zorro a la hora de enfrentar los Pirineos, montañas cargadas de amor y venganza, en las que Hércules derramó lágrimas que se transformaron en piedra, y Gerón esparció fuego para olvidarse de su amada Pyrene.

Lourdes – Hautacam, 143 kilómetros antes del ingreso a la periferia de París. La etapa reina definirá la carrera, y todavía quedarán los 41 kilómetros de Rocamadour.

Infográfico

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