La historia de amor de Carmen Ibarra con el balón de rugby comenzó con la “traición” a otro, al de básquet. Desde pequeña comenzó a practicar baloncesto impulsada por Ema y Wilson, sus padres.
Con la pelota naranja celebró decenas de victorias y aprendió a asimilar la derrota. Se convirtió en una atleta y representó, con orgullo, a su tierra, La Guajira. Pero fue en 2011, al ver a Ana Milena y Karol, sus hermanas mayores, jugar rugby en la arena blanca de las playas de Riohacha, cuando encontró el amor verdadero, aunque no la sedujo a primera vista. No fue perfecto y tuvo sus defectos.
“Ellas dos me invitaron a jugar pero de entrada no me gustó”, confiesa. “No me imaginaba pasar de competir bajo techo a estar en la playa, con arena, sudando más de la cuenta. Eso me dio muy duro”, añade Carmen.
Los clubes Riohacha e Iguaraya le abrieron las filas para que empezara a demostrar sus habilidades, pero sus primeros años entrenando no fueron fáciles. Por ser una niña “delicada y mimada”, como se describe, no le era cómodo taclear y mucho menos derribar a sus oponentes.
“Si golpeaba a alguien me ponía a llorar, todavía no comprendía que solo eran acciones del juego”, cuenta, pero gracias a Simeón González, su mentor, pronto se dio cuenta de sus aptitudes para este deporte.
Poco a poco fue mejorando, desarrollando sus capacidades y enamorándose del rugby, que ahora es su gran pasión.
La oportunidad de selección le llegó en 2015. En ese tiempo, cuando aún cursaba sus estudios de secundaria en la Institución Educativa Centro de Integración Popular, Carmen inició su proceso en el equipo Tucanes juvenil, donde mostró, con su nivel, el buen trabajo que viene desarrollando el rugby en La Guajira. Desde ese llamado fue ratificándose como una de las habituales en el elenco tricolor.
Un año después llegó el paso a la selección de mayores, con la que debutó en los Bolivarianos de mar y playa de Iquique (Chile) en 2016, donde ganó su primera medalla de oro. Luego estuvo en Hong Kong (China) disputando el World Rugby Women’s Sevens y el año pasado volvió a colgarse una presea dorada en los Bolivarianos de Santa Marta.
“De nuevo regreso a la juvenil con la oportunidad de llegar a la competencia más importante, porque se trata de los Olímpicos de la Juventud”, expresa la jugadora de 17 años, al hablar de la oportunidad que tiene de clasificar a las justas de octubre en Buenos Aires (Argentina) durante el Preolímpico que se disputará entre el 1 y 2 de marzo en Brasil.
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