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“Uno va a la guerra en paz con su propia muerte”: Alejandra Lara, artista marcial

  • Alejandra Lara, llamada simplemente Azul, va escribiendo, de a poco, una historia que quiere sea importante en las artes marciales mixtas del mundo. FOTO cortesía studio black silver
    Alejandra Lara, llamada simplemente Azul, va escribiendo, de a poco, una historia que quiere sea importante en las artes marciales mixtas del mundo. FOTO cortesía studio black silver
Publicado el 15 de enero de 2020

Por OSWALDO BUSTAMANTE E.

Se le ve tan frágil que pocos podrían entender cómo en esos 57 kilos de peso y 1.70 metros de estatura se esconde una descomunal fuerza capaz de destrozar a cuanto rival se le plante en frente con solo varios golpes bien pegados.

Puños, patadas, rodillazos y llaves hacen parte de su letal repertorio cuando entra a la jaula de combates a batirse como fiera salvaje.

Fuera de ella, sin embargo, Alejandra Lara es un ser que irradia tranquilidad, nobleza y una increíble y contagiosa paz interior.

Dueña de un rostro bien delineado, una delicada voz y un cuerpo estilizado que, incluso, fue el origen de una manida idea de moldearla reina de belleza, Azul, su nombre artístico de batalla, es la única colombiana que hace carrera en Bellator, la segunda empresa en importancia, después de la UFC (Ultimate Fighting Championship), en el montaje de peleas de artes marciales mixtas en el ámbito mundial.

Hace tres años vive en Guadalajara, México. Allí ha crecido no solo en su deporte sino en su vida personal. EL COLOMBIANO habló con ella.

¿Cómo siente que ha sido su metamorfosis en los últimos dos años?

“De muchos cambios y aprendizajes. He cambiado muchísimo, pero siempre muy metida en mi carrera y pensando en crecer. Siento que he avanzado en todas las áreas de mi deporte, pues no es fácil dominar cuatro modalidades distintas (boxeo, jiu jitsu, lucha, muay thai) en una sola. Se aprende demasiado, es un ritmo agitado que le permite a uno transformarse y vivir a plenitud”.

¿Qué fue lo que, siente, le permitió la transformación?

“Creo que soy una peleadora completamente diferente. Siento que agarré y tomé una dirección que me hizo madurar mucho en lo deportivo y, obviamente, crecer en lo espiritual. Es un camino que permite relacionarse con una gran cantidad de personas que te brindan la posibilidad de aprender para la vida”.

¿No se aburre ahora metida de lleno en buscar la perfección en todo?

“No hay momento para aburrirse. Viví un tiempo en Italia, también en Estados Unidos y, hago periplos constantemente entre México, donde resido, y Colombia (Medellín), donde está mi familia. Y cada vez hay algo diferente. Claro que es mayor el tiempo de dedicación al aprendizaje deportivo pero igual a consolidar una personalidad, pues cada día es una vivencia que, en mi caso, la aprovecho al máximo, y nunca me cansa”.

Hace dos años, en una charla para este medio, decía que tenía muchas falencias y una de ellas era la lucha...

“Siento que ahí hay gran parte de mi mejoría. Afortunadamente en México encontré un entrenador con mucha experiencia, Carlos Arana, quien ha direccionado mi carrera y me ha aportado una base impresionante en este tema. Sin llegar a equivocarme, diría que hoy, la lucha se ha convertido en una de mis fortalezas”.

De cada caída se aprende algo y pareciera que un combate que perdió en Honolulu, en diciembre de 2018, fue el detonante para pensar que sí podía meterse más en el cuento...

“Desde esa pelea tengo más conciencia de lo que estoy haciendo en las marciales mixtas. Fue todo un año dedicada a explorar falencias y a llenar todos esos huecos, lo hice con constancia, fe y confianza. Ahora recojo frutos, aunque sé que hay que seguir mejorando. En este deporte no hay espacios para detenerse, todo apunta a una evolución constante”.

Registra nueve peleas ganadas y tres perdidas, podría ser hoy la mejor de Colombia por encima de Sabina Mazo, quien hace carrera en la UFC, la principal empresa de esta práctica, ¿lo ve así?

“Considero, y apenas obvio, que, por edad (25 años contra 22 de Sabina) y recorrido (debutó en 2011 y Mazo en 2015) y porque he disputado título mundial (ambas lo han hecho, Lara por la empresa Bellator y Sabina por la LFA –Legacy-, otra firma que promociona esta disciplina) poseo más experiencia. Sin embargo, no me gusta pensar en competir por ser la mejor de Colombia, eso no es lo mío a pesar de que la prensa entre en ese juego”.

Igual siempre habrá una comparación...

“No me corresponde hacerla. Yo, simplemente, estoy abriendo caminos, soy la única colombiana en esta liga mundial. Llevar el nombre del país en Bellator es muy satisfactorio, me motiva y me llena el corazón. Solo necesito competir conmigo misma para seguir demostrando que tengo el nivel y llegar lejos, con esfuerzo y dedicación”.

Noto cierto recelo que suena a competencia, ¿ustedes son, como en el fútbol o ciclismo que cuando los deportistas salen del país, se fortalece la unión entre todos, o no hay contacto justo por la rivalidad que han tenido ambas?

“No. Es que, precisamente, como no hay una liga o asociación que nos agrupe en Colombia, la gente suele ser muy independiente aunque en el medio nos conocemos y reconocemos. Yo, con Sabina, tengo buena relación, conversamos de vez en cuando, pero estamos en distintas frentes. Y me pongo feliz por las victorias de los colombianos, tal como lo ha hecho ella”.

¿Qué la enorgullece?

“Tengo la satisfacción de estar en el top de las mejores de mi división (125 libras) y que Bellator esté contenta conmigo, no en vano me renovaron el contrato y me incrementaron las bolsas de premios. Es un orgullo extra”.

Ahora, más de lleno en el cuento, ha dejado las telas acrobáticas (danza aérea), el dibujo, la lectura, actividades que hacen parte de su tema más espiritual...

“Bellator me ha permitido afincarme y tener una carrera sólida, ahora es mi universidad, y considero que tengo mucho por estudiar. Estoy de lleno metida en los entrenos, tres veces al día, 100% en el deporte, en aprender, conocer. El tiempo y la energía, a veces, no dan para más, porque igual me toca estar pendiente de la casa, la comida, mis perros... Es una vida que requiere de tiempo y distribución de tareas y trato de sacarlo para hacer otras cosas de la rutina diaria”.

¿Si aguanta ese ritmo?

“Se intenta. No soy una mujer de quedarme quieta. Cuando puedo me dedico a la lectura, pues me fascina y me llena espiritualmente y también al dibujo. Sin embargo, la energía que me queda no me da para hacer lo que me gusta: dar clases de telas”.

¿Vive en armonía, en paz, con usted misma?

“Algo que me caracteriza y que he consolidado en estos últimos años es el pensamiento de que uno va a la guerra en paz con su propia muerte. Es mi filosofía, porque cada vez que entro a la jaula acepto todas las posibilidades que ello implica. Una de las cosas más difíciles de ser peleador, aparte de lo que conlleva, física y mentalmente, la exigencia, es mediar con la derrota. Es algo que muchos no logran superar cuando aparece. Para mí este es el límite que separa a los verdaderos guerreros de los que solo están ahí por dinero o por demostrar algo y nada más. Cuando uno entra allí solo pueden pasar dos cosas: se gana o se pierde. Si uno es consciente de esa dualidad y de que dio todo de sí, siempre va a estar en paz. Eso me llena. Yo lo estoy. Entro en paz con los pensamientos, no tengo ese miedo de perder”.

¿Y esta vida, literalmente, a punta de golpes que eligió, la disfruta?

“Me llena en su totalidad, me encanta lo que escogí, la disfruto a plenitud, no me arrepiento de nada”.

Quizás a muchos nos causa escozor cuando pelea y termina reventada, golpeada, o sus rivales en peores condiciones...

“No, tranquilo, me ha ido muy bien. En los combates que he realizado no he salido con nada, ni cortes que lamentar. Pero no creo que ese sea el punto, porque en la mayoría de deportes de contacto, se entrena para evitar que te peguen, para pegar y esquivar. Ahí vamos en ese camino de la perfección, de a poco. Es que también se aprende a punta de totazos”.

Y también, podrían pensar algunos otros, que una carrera así para una mujer tan bonita es un desperdicio y que es un costo muy alto que paga a su juventud...

“Ah pues no, yo me siento muy feliz, me place viajar, conocer. Y desde muy pequeña me ha gustado pelear y, la verdad, no he pensado en esas cosas baladíes. Hay que hacer lo que a uno le gusta y no cargar con nada ni nadie, esa siempre es mi filosofía y la aplico”.

Otra faceta de su vida tiene que ver con las motos de alto cilindraje (250 cc para arriba), y eso respalda su piel, corazón y alma de mujer dura, recia...

“Me llena viajar y la aventura, siempre lo he hecho. Hacer estas cosas que, de pronto, mucha gente no ve bien, me fascina, me divierte, me saca de la rutina. Yo creo mucho en el desapego. Llevo muchos años manejando motos grandes. En México lo hago sin problema alguno y es emocionante. Pero no para competir, prefiero las alturas (telas) y los golpes (marciales mixtas). Soy muy fresca y tranquila”.

¿Considera que practicar estos deportes la marcan en una sociedad que apenas está en proceso de apertura en muchas facetas?

“La gente piensa que los cortes y las heridas siempre están ahí. Yo le he perdido miedo a esos incidentes, las heridas que se pueden dar, pues siempre tienen solución. Yo he sido muy activa con mi cuerpo y eso implica riesgos. Desde muy niña he tenido raspones de todo tipo. Imagínese que me decían que si me rayaba las piernas ya no iba a ser reina de belleza, y yo, siempre, recuerdo, les respondía que conmigo no contaran para eso, que no quería ser reina”.

Rebelde por naturaleza...

“Es que mi segunda profesión siempre ha sido la de trepar árboles. Lo demás se controla. Alguna vez me volví nada la cara y todos se asustaban porque iba a quedar con cicatrices por toda parte. Yo me cuidé tanto y con tanto amor, utilizando caléndula, sábila, hielo, sal y muchas cosas naturales que reactivan la piel y, mire, quedé mejor que antes”.

Ah, eso no hay que dudarlo, ¿cómo hace para ser tan positiva en esos casos?

“Tengo una clave: le doy tiempo a mi cuerpo. He tenido esa tendencia. Yo tengo la creencia que incido en mi recuperación, y lo tiene todo mundo pero no lo practican. Hablo con mis células para que se regeneren, las consiento porque todo lo que pasa con mi cuerpo, le doy forma, le brindo lo que necesita. Y así, obtengo una respuesta sencilla: si yo le doy, él me da. Siempre lo he sentido así y lo he practicado”.

Y ¿cómo es su cuidado del rostro, por ejemplo, en temas de maquillaje, y no terminar con las narices chatas y las orejas en forma de coliflor como sucede con boxeadores y luchadores?

“Normal, no me estreso. Primero, no le tengo miedo a los golpes, me han roto la nariz muchas veces y vea como la tengo, ¿no le parece muy bonita?... Y segundo, pues prefiero exhibirme naturalmente, no soy de maquillajes profundos. Cuido la piel, pero también, como ya lo dije, en el deporte aplico la fórmula de atacar y saber defender, quizás por eso mantengo bien el rostro. ¿o no lo ve así?” n

Contexto de la Noticia

¿qué sigue? Actuará en el reality Exatlon EE. UU. 2020

Alejandra tendrá un agitado 2020. A la par con su actividad en Bellator, fue escogida para competir, por Latinoamérica, en el reality Exatlon Estados Unidos. “Es una gran oportunidad de mostrarme y representar a mi país. Es una competencia física y mental que me mantendrá alejada mientras dure mi participación, que espero sea hasta el final, y desconectada del mundo por algunos meses. Me encanta estar fuera de la zona de confort y mi plan es ir a competir para ganármelo. Me abre puertas y el reconocimiento del pueblo latino en EE. UU. Y, además, tener la posibilidad de acceder a algún patrocinio que es uno de los puntos más complicados que he tenido en mi carrera”. Peleará por una superbolsa de US$200.000 al ganador y por su permanencia semanal (US$2.000).

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