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Maneje bien para no ir tanto al taller

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Por Jaime Horacio arango D. | Publicado el 12 de octubre de 2019
150

mil kilómetros es la

vida útil del embrague, por mal uso puede colapsar a los 75.000.

Si bien hay algunos fallos que son inevitables por desgaste de las piezas o por el cumplimiento de la vida útil de las partes, también es una realidad que esos componentes o, incluso, los sistemas completos pueden prolongar su funcionamiento si el conductor adquiere unos hábitos de manejo que le permita cuiden la mecánica y los diferentes conjuntos que hacen funcionar el vehículo como un relojito.

Así se pueden evitar costosas reparaciones prematuras si se superan estas conductas, aprendidas erróneamente con el paso de los años y que se han vuelto vicios y malas costumbres a la hora de mantener un automóvil.

El reposapiés, ese gran desconocido

Todos los carros modernos tienen una zona ubicada a un lado del pedal del embrague que está habilitada para dejar allí reposando nuestro pie izquierdo. Muy pocos la usan y en los autos mecánicos los conductores tienen la insana costumbre de dejar la extremidad sobre el pedal que activa el embrague, lo cual pone a trabajar innecesariamente las piezas del sistema. Cuando el embrague dice “basta” su reparación también es onerosa pues el acceso a su zona de operación es complicado.

Si se sabe manejar adecuadamente, un embrague puede durar hasta 150.000 kilómetros, pero si el pedal es una extensión de nuestra pierna, el mecanismo puede colapsar en menos de la mitad de esa cifra.

No circule mucho tiempo con el tanque en la reserva
Cuando nos acostumbramos, como se dice coloquialmente, a “andar con el olor”, estamos forzando el trabajo de la bomba de combustible, que se enfría con la gasolina. Si queda poco carburante, con el calor de la bomba y el combustible de retorno, que viene muy alto de temperatura, esta se recalienta y podría acabar por acortar su vida útil.

Cuide la suspensión
Nuestras calles son una prueba de rallies casi diaria para todos los carros por más reforzada que tengan la suspensión. Las irregularidades del camino, los huecos y los resaltos sin normatividad técnica son un reto para este sistema. La idea es no “comerse” los reductores de velocidad provocando que los amortiguadores y los espirales se compriman en sus topes, así como los brazos de dirección, rótulas y tijeras.

Lo mejor es pasar estos obstáculos a la mínima velocidad pues esa es la idea con tenerlos allí. Un golpe seco puede reventar un resorte o hacerle perder aceite, torcer un brazo o hasta un eje de transmisión, lo cual, incluso, puede provocar el que no podamos continuar la marcha.

La palanca de cambios solo se toca para eso
Un mal hábito, a la hora de la conducción, es el de no tomar el volante con las dos manos. Primero que todo este modo de manejo tiene cierto peligro a la hora de una maniobra de emergencia para controlar la dirección y segundo, solemos reposar la mano que no utilizamos sobre la barra de cambios, conducta también nociva para la vida de los componentes de este sistema. La recomendación es que la palanca solo se toque cuando vayamos a hacer los cambios, sobre todo en un automóvil con transmisión mecánica. Ejercer presión con el peso de la mano genera un trabajo extra en los componentes del sistema de la caja, principalmente los sincronizadores, y su consecuente desgaste. Un arreglo de este sistema nunca es barato pues hay que destapar la caja o, en el peor de los casos, bajarla de la carrocería, lo cual deriva en un alto costo de la mano de obra.

No usar el motor en todo su rango de revoluciones
Esta mala práctica ya es un clásico entre muchos conductores, sobre todo los nuevos y quienes están obsesionados con el ahorro de combustible. Es muy difundida la falsa creencia de hacer girar el motor a muy bajas revoluciones para “cuidarlo” y “para no gastar tanta gasolina”. Nada más lejano de la realidad. Un propulsor se diseñó para ser aprovechado en todo su rango de trabajo y debe usarse así y según lo indica el manual del carro.

Hay una ley inexorable en la mecánica y es la eficiencia de los motores. Si nos empeñamos en hacer el famoso “manejo de abuelita”, sin pasar de las 2.000 vueltas, tal vez gastaremos menos, pero estaremos forzando el motor por lo bajo, no permitiendo que logre su máxima eficiencia, lo cual puede traer consecuencias en el futuro, como la acumulación de hollín en las cámaras y un aceite lodoso en el circuito.

Tampoco se trata de hacer el caso contrario y llevarlo hasta la línea roja todo el tiempo, sino observar las indicaciones del manual de uso del auto. Si usamos un modelo con transmisión automática será más fácil la labor porque siempre irá en el cambio más adecuado, pero si nuestro carro es mecánico, lo más aconsejable es mantenerlo en un régimen medio, es decir, no ir a 5.000 revoluciones en primera ni a 2.000 en quinta. Nuestro bolsillo lo agradecerá en el futuro.

Dejarle todo el trabajo a los frenos
Para detener un vehículo la vía más adecuada es el uso de los frenos, claro. Pero hay modos de conducción que pueden ayudarnos a disminuir la velocidad sin desgastar este sistema de manera anticipada. Uno de ellos es usar la caja para mantener un ritmo que no se nos salga de control, sobre todo en bajadas. Hay una mala creencia que consiste en dejar los cambios en punto puerto (neutro) en las bajadas, provocando que toda la labor de detención recaiga en los frenos, forzando el sistema, recalentando los discos y las pastillas y, a veces, provocando que estos pierdan eficacia con el consabido riesgo de un accidente grave.

La idea es que, al afrontar un descenso pronunciado es bueno ayudarnos con los cambios más bajos, es decir segunda y primera, para descargarle ese peso solo a los frenos y así las pastas, los discos y hasta la bomba nos durarán más. Esto aplica tanto para transmisiones mecánicas como automáticas. Ah, y con la caja en neutro tampoco se ahorra gasolina pues el motor igualmente debe recibir la inyección de combustible para mantenerse encendido. Y recuerde, si su auto es automático no enganche de neutro a Drive en marcha, esa práctica es nefasta para el sistema, solo debe hacerse con el caro detenido.

No hay que calentar el motor antes de arrancar
La manera de lograr la temperatura ideal de trabajo de un motor ha cambiado. Antes, cuando los carros eran de carburador, había que encender el propulsor y aplicar el estrangulador (choke) durante varios minutos hasta lograr estabilizar la marcha mínima. Con los sistemas modernos de inyección y sondas de combustible, esta maniobra ya no es necesaria, pues al permanecer el auto encendido en un lugar cerrado en el caso de los garajes y sótanos, lo que se está haciendo es generar y acumular gran cantidad de gases nocivos, llenos de partículas contaminantes.

Lo recomendado es iniciar la marcha lo antes posible, pero sin forzar excesivamente el motor, realizando lo que los expertos llaman una conducción progresiva, es decir rodar los primeros metros a baja velocidad sin oprimir demasiado el acelerador, realizando los cambios de velocidad suavemente y sin subir mucho de revoluciones. El indicador de la temperatura nos hará saber mediante la aguja o las barras, cuando el auto está listo para trabajar con todas sus capacidades.

Si por el contrario, arrancamos como si no hubiera un mañana, con acelerador a fondo mientras el motor está frío y el aceite no ha conseguido hacer el circuito completo, vamos a causar un desgaste prematuro de las piezas, contaminaremos más y provocaremos averías que saldrán muy costosas en el corto plazo.

Contexto de la Noticia

Jaime Horacio Arango Duque

Periodista, apasionado por el cine, la televisión y el fútbol. Egresado de la U. de A, y envigadeño de nacimiento y residencia.

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