Horizontes, un pueblo entre las nubes

  • Horizontes, un pueblo entre las nubes
  • 1. Desde La SebastYana se ve Horizontes, también algunos pueblos del occidente antioqueño. 2. Así es Horizontes, el pueblo. FOTO Jonathan Montoya g.
    1. Desde La SebastYana se ve Horizontes, también algunos pueblos del occidente antioqueño. 2. Así es Horizontes, el pueblo. FOTO Jonathan Montoya g.
por Jonathan Montoya García | Publicado el 18 de diciembre de 2016
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horas puede tardarse un viaje desde Medellín, por el norte, hasta Horizontes.

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estudiantes entre los grados primero y quinto tiene la escuela de Horizontes.

en definitiva

Horizontes es un corregimiento de Sopetrán. El pueblo se caracteriza por sus casas coloridas y, sobre todo, por la amabilidad de su gente que emprendió el proyecto de posadas.

El dicho de “pueblo chiquito infierno grande” no aplica en el corregimiento de Horizontes. La paz que allí se siente parece ser dada por la altura que lo pone a veces al nivel de las nubes. La alegría de sus habitantes, su sencillez y su entusiasmo, se contagian. Por eso las horas o los días que se pasan allí son un trasunto del paraíso.

Una sala de internet, un restaurante, una iglesia, un parque, una escuela, un hotel –con 3 habitaciones–, 128 casas –entre ellas 11 posadas campesinas y un hospedaje rural–, 195 habitantes. Así de simple es Horizontes: elevado entre las montañas de Sopetrán, con sus casitas de colores como sacadas de un pesebre.

Para llegar allí hay dos rutas. Una desde Sopetrán y otra desde Belmira, la segunda la más antigua. Por eso, aunque Horizontes desde 1953 es un corregimiento del municipio de Sopetrán, en algún momento de su historia Los chapeños, como llegaron a llamar a la gente que vivía en la cima de esta montaña, se sentían más cercanos a Belmira que al municipio de las frutas. Aún es más corto el camino hacia al norte que al occidente, así la carretera que sube desde Sopetrán no haya llegado a los 30 años.

La historia del corregimiento la cuentan sus propios habitantes, son ellos quienes se han encargado de preservarla. Mencionan con palabras lo que escucharon de oídos, de los abuelos de sus abuelos. De ese modo, calculando, creen que Horizontes puede tener unos doscientos años.

Las casas también dan cuenta de esa edad por sus materiales en pisos, paredes y techos, parece increíble que hayan estado ahí tanto tiempo, es como si el frío que se siente por la altura –unos 2.200 metros– las hubiera curado, así como dicen sus habitantes que el frío es el que los mantiene con una piel más joven.

“Antes se llamaba La Chapa por las mejillas rosadas de los pobladores. Monseñor Builes que era de la jurisdicción de la parroquia de Santa Rosa de Osos, visitó el lugar y dijo que se tenía que llamar Horizontes, y desde eso es ese el nombre”, cuenta Adrián Vahos, presidente de la Corporación de Turismo de Occidente.

En esa época el corregimiento era tierra para sembrar frijoles. La gente de Belmira, añade Vahos, subía hasta allá y desde ahí iban hasta Liborina identificando terrenos para construir casas de descanso o para almacenar el frijol. Como Adrián, los primeros pobladores tuvieron el apellido Vahos, típico en Horizontes, así como Marín, Echeverry y González.

El cambio de Horizontes

Alguna vez Horizontes tuvo planta de energía, centro de salud e inspección de policía. Eso fue antes de que se construyera la carretera que lo comunica con Sopetrán. Cuenta Adrián que en esa época todo el comercio era con Belmira y el corregimiento necesitaba de esas instituciones. Pero el nuevo camino abrió otros rumbos para su habitantes. La gente empezó a irse, los jóvenes terminaban el bachillerato y salían en busca de otras oportunidades. “El pueblo empezó a quedarse solo y a deteriorarse”, cuenta Adrián.

Ese, sin imaginárselo, también fue un impulso, y algunos años después –hace unos 20– un grupo de líderes del corregimiento decidió crear Corpohorizontes, una organización que empezó a hacer un trabajo con la comunidad, buscando que esta lograra un nivel de autosuficiencia y que pudiera cultivar sus alimentos y hasta hacerse su propio champú o jabón, en general, aprender a subsistir con lo que el pueblo les daba.

Más adelante quisieron “poner el pueblo bonito”, dice Adrián, entonces le dieron color, algo característico de otros pueblos en Antioquia. Ahora Horizontes es colorido, es el pueblo donde las casas no tienen direcciones sino el nombre de sus dueños colgado en las fachadas. Para Adrián fue como si sus habitantes, los que quedaban y empezaban a retornar se hubieran llenado de color por dentro, la actitud de sus moradores cambió.

Cuando el pueblo cambió muchos de sus exhabitantes querían, al menos, poder ir a pasar un fin de semana, sin embargo, ya habían vendido sus propiedades. Eso llevó a que la gente de Horizontes empezara a abrir las puertas de sus casas, en un comienzo a los conocidos y ahora también a los que no lo son.

Laura Vahos fue una de ellas, primero con la casa de su madre y ya con la suya, llamada La Sebatyana –por sus hijos Sebastián y Ana María–, aunque antes, cuando fue de los abuelos de sus abuelos se llamaba La Margarita.

De ese modo, se empezó a dar la apertura en Horizontes, una que terminó conviertiéndolo en un pueblo con posadas campesinas u hospedajes rurales como el de Laura. Desde allí la vista es increíble, el piso, techo y muros de tapia revelan la edad de la construcción que Laura ha sabido conservar y adecuar para recibir a cualquier visitante que desee sentirse como en casa y tener el mejor plan que puede ofrecer su Sebastyana, uno de contemplación de lo bello y de tranquilidad.

La diferencia entre posada campesina y hospedaje rural, dice ella, es que en las posadas campesinas se convive con la familia o el dueño de la propiedad, en el hospedaje no es necesario. “Cuando nacieron las posadas nos dieron cursos, nos explicaron cómo podíamos trabajar y hacer de ellas una actividad económica. Queremos que la gente se maraville con este pedazo de cielo”, comenta Laura.

Para construir el proyecto de posadas y hospedajes tuvieron el acompañamiento del Sena, así lo cuenta Julián Gómez, cocinero e instructor de cocina del Sena. Cuando él llegó a capacitar la gente de Horizontes en 2014, pertenecía al programa de Jóvenes rurales que buscaba atender poblaciones alejadas de cascos urbanos que no tuvieran acceso a muchas cosas.

Así los habitantes empezaron a participar en el curso de posadas. Julián comenzó a trabajar con ellos en gastronomía típica rural para recuperar sus tradiciones en la cocina con los recursos que les da su tierra, básicamente café, leche, maíz, yuca y plátano.

Siempre que va a Horizontes Julián se queda en el hotel, una de las unidades productivas que surgió con los proyectos del Sena. Se llama Casa de Edila y Pidio, y queda en el parque del pueblo.

En Horizontes la señal para hacer llamadas es mala. Dependiendo del operador móvil hay que buscar un sitio y casi que no moverse de ahí para que la no se corte o se distorsione. Uno o dos operadores simplemente no sirven allí. Por eso es un lugar para desconectarse.

Entre las 6:30 y las 7:00 de la mañana, en Horizontes se está moliendo el maíz para hacer las arepas en fogón de carbón o leña, una por una, para el desayuno o la comida. A la misma hora se alimentan los animales, se ordeña o se va por la leche, ponen a secar el café en la calle porque el pueblo es tan frío que cuando hace sol hay que aprovecharlo. La calidez que no les da el clima la da la gente.

Horizontes es paraíso desconocido para muchos en Antioquia.

Contexto de la Noticia

anécdota un pueblo cada vez más visitado

Entre las unidades productivas que han surgido en Horizontes gracias al apoyo del Sena y al emprendimiento de sus pobladores están el hotel y el restaurante. Se hicieron con el fin de darle una opción, además de las posadas campesinas y los hospedajes rurales, a la gente que va de paso por el corregimiento. El restaurante se llama el refugio de Horizontes y tuvo la asesoría del cocinero Julián Gómez. Julián cuenta que esta semana los visitó “un pelotón de ciclistas, unos cien”, y los atendieron a todos. “No solo salió la señora del hotel, lo hizo todo el pueblo. Eso es el turismo rural comunitario, a eso es a lo que se pretende llegar, que la comunidad en general se involucre y se beneficie, que no solo una persona lo haga. En eso está enfocado el Sena ahora, tomando como ejemplo casos de Ecuador, Perú o Brasil, donde el turismo comunitario rural ha logrado sacar comunidades de la pobreza extrema. En Horizontes buscamos que quien nos visite se involucre en las actividades cotidianas”, comenta Julián.

OPINIóN Así es horizontes, cálido y colorido

Laura Vahos
Habitante de Horizontes
El paisaje maravilla, es mágico, se siente uno el dueño de todo esto. El calor humano de la gente es increíble. Si llega a Horizontes y es extranjero le preguntan, ¿tiene frío?, ¿ya comió?, y si no, le sacan fríjoles o una ruana. La gente es de la más solidaria que he conocido.
Julián Gómez
Cocinero e instructor del Sena
El paisaje y la tranquilidad de Horizontes es única. He estado en muchos pueblos del occidente, en las veredas más alejadas, y en ninguno me he sentido como allá. La gente es amable, exageran. Llegas y sin que te conozcan te invita a un café o a un aguardiente.
Adrián Vahos
Pte de Corporación de Turismo
Queremos un turismo bueno, sano, responsable y serio, no de diversión y parranda que no trae nada bueno. Si el turismo es eso no lo queremos. Horizontes tiene mucho que ofrecer, su hospitalidad, su clima, dos páramos cerca.
Jonathan Montoya García

Periodista de la Universidad de Antioquia. Interesado en temas de tecnología y cultura. Disfruto del cine y la música.

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