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¿200 años de libertad?

¿Será un sueño, una meta o una frustración? La larga historia nacional mancillada, más que por el rojo de las guerras y comicios, lo ha sido por los odios ancestrales, las venganzas, las envidias, la codicia, la soberbia prepotente y fría, la casi infinita injusticia prolongada.

  • ¿200 años de libertad? | Juan Antonio Sánchez-archivo |
    ¿200 años de libertad? | Juan Antonio Sánchez-archivo |
19 de julio de 2010
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S algo a buscar la patria que yo sueño y en las más de las veces no la encuentro o la encuentro agrietada por el peso de muchas injusticias, de muchos desajustes sociales y políticos, de muchas disidencias caprichosas y torpes, de muchas erosiones y descalabros ecológicos.

La patria que yo sueño trabaja honradamente, ama las aves y los árboles, protege a los ancianos y a los niños con inmensa ternura, asiste a los enfermos sin importarle su color político, su religión, su origen o su raza, y entiende que la vida de todos es sagrada y es obligante defenderla y guardarla celosamente. Carlos Castro Saavedra, La patria que yo sueño.

No parece que fue ayer. Son ya muchos años, doscientos, veinte décadas, unas diez generaciones de colombianos. Conocemos escasamente la fecha y olvidamos, mejor, nada sabemos, ni nos interesan, las circunstancias, nombres, antecedentes, causas, consecuencias...

El 20 de julio es la fecha en la que se celebra la nacionalidad y por tanto, el origen de la identidad como país libre y soberano. Pero ¿cuál nación? ¿Cuáles valores? ¿Cuál historia? ¿Cuáles próceres? ¿Cuáles principios rectores que sean distintivo y característica, casi como un tatuaje invisible y una voz interior imposible de callar?

La larga historia nacional mancillada, más que por el rojo de las guerras y comicios, lo ha sido por los odios ancestrales, las venganzas, las envidias, la codicia, la soberbia prepotente y fría, la casi infinita injusticia prolongada, que como un inmenso y oscuro manto ha hecho y continúa haciendo a los colombianos incapaces para compartir en fraternidad y tolerancia las inconmensurables riquezas y oportunidades de este país único, privilegiado, excepcional que conformamos.

En Colombia existen habitantes, pero no hermanos, cedulados pero no ciudadanos. Existen con abundancia abrumadora políticos corruptos, dirigentes deshonestos, empresarios insensibles y egoístas, funcionarios burócratas, obreros robots y, campesinos, que por no importarles más que un salario insuficiente les interesa un comino eso que se llama patria y por la que jamás harían un esfuerzo o empeño significativo.

Al desconocerse el sentido fundamental de comunidad nacional con historia y un pasado ignoto, pero igualmente inconscientes de la posibilidad única de un futuro para construirse mancomunadamente, y al no poseer precisos conceptos aceptados de pertenencia, de ciudadanía vinculante y exigente, imposible es y será todo compromiso de mejoramiento, de justicia social, deberes y derechos, de educación partiendo del hogar, de los centros educativos y desde los poderosos y pervertidores medios de comunicación social.

Este Bicentenario entrega un balance en rojo de doscientos años con pocos logros alcanzados y de innumerables oportunidades no aprovechadas, postergadas: intolerancia, insensibilidad a la justicia social, violencia, ignorancia, indisciplina, soberbia desafiante, desenfreno, codicia, idolatrías que degradan, facilismo, consumismo, narcotráfico, guerrilla, paramilitarismo, despilfarro de la rica herencia ecológica...

Para no sólo llorar sobre la leche derramada

Si este Bicentenario de la chispa libertaria no ha producido la abundante cosecha esperada, tampoco puede ser ocasión sólo de lamentos, reproches y amarguras. Todo este largo proceso de desigualdades, negligencias y retrasos puede ser el momento único y feliz para arrojar las vendas de los ojos, para otear, con claridad, optimismo y entusiasmo el horizonte de un nuevo país que puede ser edificado con las mejores y más selectas herramientas, destacándose entre ellas, una educación que humanice y dignifique, influyente, y con aquellos valores que engrandezcan a todos sus ciudadanos. ¡No más esperas ni titubeos, ni equivocaciones!

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