Cual si fuera un juego, el pequeño Didier empezó a gritar "temblor, temblor", pero en segundos sus compañeritos supieron que era algo serio cuando vieron que la montaña se deslizaba hacia las casas y quisieron avisarle a sus familiares del peligro.
Muchos de ellos quedaron atrapados en el intento de llegar hasta las casas, porque la avalancha fue más veloz y los cubrió, pero Didier y algunos niños, que también estaban en el parque infantil, corrieron en sentido contrario y pudieron salvarse.
Algunos de ellos están en el principal albergue de damnificados de La Gabriela, en la sede de la Fundación Amando a mi prójimo, y juegan con tanta euforia como si tres días atrás no hubiera ocurrido la tragedia que enluta al país.
Bajo una carpa que los protege de la lluvia mañanera, los pequeños atienden las actividades lúdicas que coordinan los miembros de la Ong Aldeas Infantiles SOS, que trabaja con niños en algún tipo de riesgo y situación de vulnerabilidad.
Dos de los líderes, Jackson Bulla y John Alexander Urrego, explican que la atención es tanto para los damnificados directos como para los vecinos, que también sufren el impacto, a quienes se ofrece acompañamiento con un programa pedagógico de 8:00 de la mañana a 6:00 de la tarde.
"Están en la fase inicial de la tragedia, aún no ven las consecuencias, pero en algún momento las pueden manifestar", afirman, al señalar que algunos observaron en la distancia como la avalancha se llevaba sus viviendas y a otros le pasó cerca de las suyas. "Requieren un trabajo de salud mental para minimizar las consecuencias".
Varios -dicen-, ya presentan afecciones respiratorias y algunos observan cuadros de asma.
En otro punto del albergue, un grupo de 60 muchachos del Centro Fe y Esperanza madrugó a preparar y repartir 200 desayunos, tanto para los afectados directos como para todo el equipo de socorristas.
Hacen parte del grupo juvenil Amigos de la aguapanela que, según el pastor Jhonny Rodríguez, fue de los primeros en llegar al lugar a cumplir una labor de ayuda al prójimo.
Aquellos se suman al trabajo silencioso de voluntarios que añaden mucho afecto a sus servicios para atenuar el dolor de las 38 familias que permanecen en el lugar.
A evacuar en La Orquídea
A 200 metros de allí, mientras las máquinas no dejan de escarbar la base de la ladera aún bajo la lluvia, en el centro de mando instalado en un lote cercano se desarrolla un consejo de gobierno de las autoridades de Bello que toma las últimas decisiones.
Al finalizar el encuentro, el alcalde de Bello, Óscar Andrés Pérez, notificó la búsqueda urgente de 130 viviendas para los damnificados y la evacuación inmediata de otras familias que habitan la zona de más alto riesgo en el sector de Las Orquídeas.
Para lograrlo, dijo, se entabló contacto con las inmobiliarias de la población, porque la idea es un contrato inicial de tres meses, sobre valores de 250.000 a 300.000 pesos mensuales.
Sobre las operaciones de rescate, destacó que se prolongarán en los próximos 15 días. "No quisiéramos tener que declararlo Campo Santo", afirmó.
Según el Alcalde, la meta es un mes para tener a la gente en "puntos más sanos" y sacarlos de los albergues porque el actual, en la sede de la fundación que recupera adictos, "no es muy operativo".
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