Estos apóstoles llegan en helicóptero y cargan mochilas; no usan túnicas, pero sí batas y unos chalecos que los distinguen. Tienen unas ganas de ayudar que los hace entregar todo y un buen humor que los sostiene aún en los momentos más complejos.
Sí, son unos apóstoles modernos, que cruzan municipios y viajan muchos kilómetros para llegar hasta los sitios más apartados para atender a las comunidades.
En el equipo hay unas 20 personas entre médicos, odontólogos, auxiliares de enfermería y de odontología, pilotos, personal de mantenimiento y administrativo, y conductores.
Han realizado 2.112 brigadas de salud, en 233 comunidades, de 714 veredas. Más de 318.000 personas, sobre todo, de Antioquia, Córdoba y Chocó han pasado por esos puestos que levantan, incluso en medio de la selva.
El Programa Aéreo de Salud celebró hace poco sus 30 años. Han atendido emergencias y desastres, y evacuado a pacientes; se han movido por todas partes para hacer brigadas; y en tres palabras: brindan apoyo humanitario.
Carlos Eduardo Guerra, director de esta estrategia, llegó a mediados de los noventa como piloto. "Desde ese momento le cogí amor y pasión a este programa. Y lo más gratificante ha sido salvar vidas".
Cuentan con un helicóptero, un avión Cessna 206 y dos ambulancias terrestres. El primer vuelo oficial, por allá en el año 1980, se hizo a Urrao, en una nave de la Gobernación de Antioquia, para atender a familias afectadas por una inundación.
El médico y piloto, Luis Alejandro Arango Rivera, completó 22 años en esta misión. Recuerda que cuando les avisaban que una comunidad indígena, por ejemplo, requería su apoyo, salían en el helicóptero, aunque la "selva para nosotros no era familiar como lo es hoy".
Para muchos indígenas era la primera vez que veían un aparato de ese tipo, "eso les generaba miedo y desconfianza. Las primeras veces desembarcamos y no fue nadie, nos quedamos tres o cuatro días comiendo y durmiendo, esperando a que la gente acudiera".
Es más, cuenta que a veces les tocó correr porque salían "con machetes, pero eso fue cuestión de tiempo. Nos fuimos ganando un espacio y hoy como misión médica nos conocen, nos respetan".
Sacrificio y bendiciones
Antes de viajar se encomiendan a su santo predilecto. "Con Chucho, si él no se sube conmigo no voy", dice Beatriz Cardona, auxiliar de odontología.
Generalmente, salen los lunes para las brigadas y no regresan hasta el viernes, dejando a sus familias y su vida en la ciudad, para vivir en las veredas, cerca de las comunidades que atienden.
"Cuando hay señal podemos llamar a la casa, pero a veces no se puede", narra Eliana Murillo, odontóloga.
En esas jornadas no hay horario, están hasta que evacuen a todos los que asisten. "Desde que me gradué soñaba con un trabajo así, no quería estar encerrada en un consultorio", agrega.
Para dormir, arman carpas o hamacas; cocinan con leña, y se bañan en el río más cercano; pero eso sí, cargan arroz, papas, fríjoles y demás para "comer normal", comenta Tatiana Restrepo, otra de las odontólogas.
En el 88 perdieron un helicóptero, por un ataque de un grupo guerrillero; se conmueven con los niños y los campesinos heridos por minas antipersonal; y sienten dolor por los que viven en condiciones precarias.
Es más, muchas enfermedades que encontraban hace 30 años, son las mismas que diagnostican hoy.
Luis Alejandro Arango, menciona todos los sitios en los que han estado. La lista es larga, desde la parte más alta del Nudo de Paramillo, hasta Buenaventura, en el Pacífico; y en todos los rincones de Antioquia.
Hasta un bebé nació en las alturas, menciona el piloto Kenneth Eduardo Barriga. Fue el año pasado, entre Barbosa y Girardota. También se acuerda de un pequeño que trasladó que, aunque herido, no dejó de conversar con él.
"Se reía y todo. Solo tenía 7 años, pero quedó bien, lo supe porque llamé después al hospital para averiguar".
Su vida es como una película de Hollywood. Estos apóstoles modernos, que viajan en helicóptero, van a donde sea para entregar su conocimiento y su alma.
Vuelan para salvar a otros, no importa lo que ellos deban sacrificar.
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