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BARRAS BRAVAS, SOLUCIONES CONTUNDENTES

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15 de septiembre de 2013
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Medellín se encuentra hoy entre las 25 ciudades más peligrosas del mundo y aunque hemos venido mejorando en esta penosa clasificación, ya que hasta hace poco ocupábamos el puesto 14, la ciudad no se puede dar el lujo de generar espacios propicios para que brote la violencia, como lo es un clásico de fútbol.

Cada clásico que se presenta entre los dos equipos de la ciudad, por estadística, se puede anticipar que termina en lo mismo: violencia entre los hinchas, daños a la infraestructura del estadio y alrededores, heridos, disturbios a las afueras e incluso en ocasiones, personas asesinadas. Al final, siempre los mismos perjudicados: 1. El bien público y privado que resulta afectado por el vandalismo. 2. La tranquilidad del sector, el cual ha sido históricamente residencial y 3. El hincha que simplemente quiere ver el sano espectáculo del fútbol. ¿Y el desadaptado? No.

El clásico paisa número 277 que se jugó el pasado sábado no sería la excepción. De nuevo se presentaron actos vandálicos, heridos, disturbios y, en general, comportamientos reprochables dentro y fuera del estadio. La ciudad no puede darse tampoco el lujo de destinar alrededor de dos mil policías para brindar la seguridad en un evento deportivo que con antelación se decreta de "alto riesgo", mientras el resto de la ciudad clama por seguridad y presencia policial. Las banderitas blancas y los diversos llamados a vivir un clásico en paz no han resultado suficientes para calmar la pasión que se degenera en vandalismo de unos cuantos hinchas desadaptados que parece imposible desterrar del estadio.

Ya tampoco resultan efectivos los protocolos previos para la seguridad y las sanciones tomadas por el Comité Local para la Seguridad, Comodidad y Convivencia en el Fútbol ante estos desmanes, entre las que se encuentran el cierre temporal de las tribunas populares, la prohibición del ingreso de prendas del equipo, banderas e instrumentos, etc.

¿Hasta cuándo debemos soportar que la violencia se filtre en un evento deportivo?

La violencia que padece la ciudad en sus barrios se traslada en cada clásico a nuestro máximo escenario deportivo ante la mirada atónita de las autoridades, los hinchas responsables y la comunidad en general.

Organizar un evento deportivo para que termine en una batalla campal no tiene sentido alguno. El espectáculo sano que genera el fútbol en el estadio Atanasio Girardot se ha perdido y esto ha provocado el destierro de este escenario del buen hincha y de la familia.

Vivir un clásico en paz en Medellín ya parece una utopía. Un encuentro deportivo no puede convertirse hoy en día en una excusa para que aparezca la violencia en una ciudad que está harta de ella y que padece a diario sus consecuencias.

Jugar los clásicos a puerta cerrada debería establecerse como una medida indefinida. No más paños de agua tibia.

¿Será que los intereses involucrados lo permitirían?.

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