Se acongoja el alma cuando día tras día vemos niveles de odio repudiables. Más graves aún si los incitan o acolitan personajes con poder, unos camuflados, otros no. Aunque en Colombia la economía marcha por buen camino a pesar de las noticias sobre las crisis económicas mundiales, los medios informan constantemente sobre nuevos actos de violencia en casi todas las regiones del país y muy especialmente en el sur de la nación.
Cuando algunos auguraban que los cambios en las políticas de Santos -más zanahoria que garrote y, más apertura hacia la izquierda- abriría el campo para una tregua o preámbulos para la paz, con dolor vemos el resurgir de la violencia: ataques al Ejército y la Policía, asaltos a pueblos, siembras de minas cerca a escuelas, amenazas a transportadores, en fin, toda clase de arremetidas contra la autoridad legítima. ¿Serán parte de las diferentes formas de lucha marxista?
Según informes de prensa: "en el último año hubo 383 bloqueos de vías con 120 disturbios, 161 policías heridos, 44 marchas estudiantiles con repartición de propaganda alusiva a las Farc y hasta se han detectado 12 células Bolivarianas en las universidades". Todo eso sin contar las masivas huelgas y paros de octubre.
Qué tristeza ver que la guerrilla colombiana, la más vieja del mundo, se anquilosó en el ayer, no conocen el concepto de Relaciones Humanas, piensan que la miel se saca a patadas y sólo predican venganzas. Siguen alejando los acuerdos. Ni los muertos propios les dejaron enseñanzas, su mundo sólo les posibilita disparar y odiar. Entre ellos sólo parecen existir buenos y malos -siendo que todos somos "café con leche", como decía un afamado periodista-. Y por supuesto creen que ellos mismos son los únicos buenos. Qué lejos están de las enseñanzas de Cristo, Ghandi, de Martin Luther King y Mandela, personajes que pasaron a la inmortalidad pregonando el perdón.
Oh Colombia, sí que estás lejos de la paz. Nadie quiere absolver. Olvidamos que el perdón está en las almas grandes. La mentalidad guerrera para unos es justicia, para otros, venganza, y para algunos más es incentivar las hostilidades para allanar el camino al poder. La esperanza es lo último que se pierde. Como apunta alguien: ¡Perdonémonos! Sólo entonces lograremos la paz.
Eduardo Pizarro:
Eduardo Pizarro León Gómez (hoy en las mieles de la diplomacia), acaba de publicar el libro De guerrilla campesina a máquina de guerra , donde sostiene que los grupos guerrilleros tienen un carácter crónico. Analiza el balance que hizo la revista mexicana Letras Libres hace algún tiempo sobre los procesos revolucionarios en América Central, la cual tras largas entrevistas con diferentes actores concluyó que "esa confrontación resultaba poco edificante: miles y miles de muertos, la infraestructura económica destruida y el tejido social gravemente afectado. ¿Había valido la pena tanto sufrimiento al contemplar los niveles de criminalidad, pobreza y desarraigo que habían dejado como herencia las guerras civiles?...". Y Pizarro añade: "En Colombia, con excepción del ambiente político que se tejió en 1990 en torno a los procesos de paz con el M-19, el EPL, el Quintín Lame y el PRT, que facilitaron los acuerdos para la Constitución de 1991, el balance final de la experiencia guerrillera es, igualmente, muy desalentador. Una guerra inútil, costosa y sin gloria es el título de un polémico libro publicado por el general Alfonso Mejía V. (Tercer Mundo, 1988). Yo comparto plenamente la opinión del general Mejía: "esta ha sido una guerra inútil, costosa y sin gloria".
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