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El esfuerzo salió del socavón y triunfó en la cicla

RUBÉN Y RAÚL recorren día tras día los rincones de la minas de Amagá, desde hace más de 15 años. Esta labor la combinan con su mayor pasión: el ciclomontañismo que les transmiten a sus hijos. Están tristes por no poder venir al Clásico ELCOLOMBIANO.

  • El esfuerzo salió del socavón y triunfó en la cicla | Fotos: Róbinson Sáenz Vargas, Amagá | Raúl Moncada trabaja a 80 metros bajo tierra, en un socavón que no le permite ver la luz del sol. A las 4:00 de la tarde sale en busca de sus tesoros: la familia, conformada por la esposa y tres hijos, y la cicla, que tiene hace 14 años.
    El esfuerzo salió del socavón y triunfó en la cicla | Fotos: Róbinson Sáenz Vargas, Amagá | Raúl Moncada trabaja a 80 metros bajo tierra, en un socavón que no le permite ver la luz del sol. A las 4:00 de la tarde sale en busca de sus tesoros: la familia, conformada por la esposa y tres hijos, y la cicla, que tiene hace 14 años.
31 de octubre de 2011
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Con el inmenso riesgo de pasar las horas en un socavón que con el tiempo se convierte en un pueblo con calles, carros y espacios, Rubén Darío Restrepo y Raúl Antonio Moncada le entregan su vida a la minería y dejan en segundo plano su mayor sueño: el ciclomontañismo.

Están metidos en estrechos túneles de 80 y 600 metros bajo tierra. Los acompaña la luz de la linterna de los cascos amarillos y los escasos bombillos de la carrilera del malacate, además del sofoco de más de 40 grados de temperatura. El carbón se desprende y, con el sudor, les tiñe de negro la piel, pero estos amagaseños viven felices, porque con el trabajo sostienen sus tesoros: las familias y las bicicletas.

Como topos, trabajan en cuclillas más de ocho horas diarias para ganarse al día entre 20 y 50 mil pesos en el oficio más fuerte de la economía de la Cuenca del Sinifaná, en el Suroeste antioqueño.

En estos pequeños "pueblos" que se forman en cada una de las 250 minas "gurreras" de la zona, comen y conversan con compañeros que tienen hace más de 15 años en esta labor de arañar la tierra.

Sin camisa, con botas pantaneras y pantaloneta, estos fundadores del Club Minero de Amagá trabajan con pico y pala desde la madrugada hasta la tarde cuando, agotados, salen hacia sus casas por trochas largas y empinadas a buscar "la moza" para entrenar duro.

Así llama Rubén a la cicla. Por ella casi lo matan en 1991, cuando por robársela le pegaron un tiro en el abdomen. Por ella lo conocen en el sector La Ferrería de la vereda El Cedro, de Amagá, donde vive este admirador de Cochise Rodríguez.

Sus vecinos lo consideran la reliquia del pueblo, el deportista del siglo, por los 54 trofeos y más de 90 medallas que ganó en campeonatos municipales, departamentales y nacionales.

La pasión por el ciclomontañismo la tiene Rubén desde niño, pero solo la pudo materializar a los 21 años, cuando cambió su reloj por una bicicleta. Desde ese momento orientó su esfuerzo a este deporte, al que considera el más sano.

"La disciplina, el amor y el sacrificio son las técnicas del buen deportista y dan los ánimos para sentirse como un muchacho de 20 años, aunque ya tenga 48", dice Parra, como lo llaman sus amigos en honor a su esposa.

Y su filosofía se la transmite a su hijo Carlos Alberto, de 11 años, que ahora regresa del colegio en la jaula que carga la madera en la vereda, pero desde 2003 le sigue los pasos al papá para ser también un campeón de ciclomontañismo.

Rubén también les inculca el amor por este deporte a los paisanos del pueblo.

Uno de los que se contagió fue Raúl, quien cuenta que se "chifló" por el ciclismo ya viejo, aunque desde niño quiso una bicicleta. Era un sueño que, como tantos otros, se vio truncado por la obligación de escoger entre el estudio y la minería a los 13 años. Ganó la necesidad de trabajar y, con su padre, se internó en el socavón.

Tiene 44 años, vive en la vereda La Clarita con su familia y trabaja en la mina de 4:00 de la mañana a 4:00 de la tarde.

"Es muy poco lo que salgo a entrenar porque quedo agotado. Aún así siento un descanso cuando en la tarde me monto en la bicicleta y hago un recorrido por Angelópolis, Caldas y Amagá", señala.

A Raúl le ha tocado empeñar objetos valiosos para comprar repuestos para la cicla, que sigue siendo la misma que compró hace 14 años, cuando arrancó en el deporte.

"Me han dado ganas de retirarme del ciclomontañismo porque es un deporte muy costoso y es duro sacar de la platica que deja la minería, porque es para sostener a mis tres hijos y mi mujer y no para las bicicletas de mi hijo Gilmer, de 12 años, y la mía. Pero lo practico por pasión, mientras que la minería es por necesidad. He pensado dejarla, por el peligro que implica y porque quiero avanzar en el deporte".

A Rubén y Raúl les encanta participar en el Clásico EL COLOMBIANO. Llevan 12 ediciones y los entristece saber que, por falta de dinero, ni ellos ni sus hijos podrán estar esta vez.

Raúl quedó cuarto el año pasado y anhela volver al podio. Ambos buscan apoyo para continuar en el ciclomontañismo y convertirse en los mejores de Antioquia. Reconocen que si siguen solo con lo que da la minería para tantos gastos, dejarán el deporte en el 2012.

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