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HISTÓRICO
El Greco regresa triunfal a Toledo
Por NATALIA ESTEFANÍA BOTERO | Publicado el 06 de abril de 2014
Toledo recibe a El Greco. Ya lo había hecho en 1577 cuando el abatido pintor abandonó Roma, cansado de enfrentar las intrigas, y decidió marchar a España, donde creó su obra más madura.

Ahora, 400 años después de su muerte, se honra a Domenico Theotocópulos, El Greco , con una de las exposiciones más ambiciosas que se haya hecho sobre el famoso retratista que nació en Creta.

El Griego de Toledo: pintor de los invisibles, reúne en el Museo de Santa Cruz, un total de 100 obras de 29 ciudades del mundo. Es todo un hito porque será la primera exhibición de este artista en la ciudad que lo acogió.

"Una fuerza misteriosa le impulsa a llegar hasta esa ciudad, único lugar en que tiene cabida su pintura", dice Gregorio Marañón, autor del ensayo El Greco y Toledo.

Formado en las grandes escuelas pictóricas de Roma y Venecia, El Greco viajó a España para tratar de obtener el favor de Felipe II. A su llegada, el palacio de El Escorial estaba en construcción y el rey pasaba dificultades tratando de encontrar grandes firmas para el también monasterio.

A través de Luis de Castilla, hijo de Diego de Castilla, el director de la Iglesia de Toledo, El Greco comenzó a recibir encargos de la iglesia y la nobleza. Entre 1586 y 1588 creó la obra monumental El entierro del conde de Orgaz, para el altar de la iglesia toledana de Santo Tomé.

En los dos primeros años de estadía en Toledo, completó 14 obras en las que se mantuvo fiel a los temas religiosos.

"El Greco logró un rompimiento con esa tradición formal renacentista, a favor de una pintura que dominaba la expresividad", indica Nydia Gutiérrez, curadora del Museo de Antioquia.

"Si bien conocía y asumía las libertades que el manerismo italiano les había otorgado a los pintores, las asume de una manera personal".

Para lograr el dramatismo acude a los contrastes de luz y sombra. Además, limitó su gama de colores a un reducido número de matices con una predilección evidente por el púrpura pálido, el rosa y los tonos amarillos y grisáceos, se lee en el libro que Taschen realizó sobre la obra.

Su trabajo tuvo gran repercusión en el arte, incluida la pintura moderna. Paul Cézanne y más tarde Pablo Picasso, así como los expresionistas consideraban a El Greco un "profeta de la modernidad", se indica en el texto de Taschen.

Este hombre de nariz alargada y de ojos grandes y expresivos, fascinó también a los románticos y a los escritores españoles de la Generación del 98, en España.

Más de 50 años después se reeditó el ensayo de Gregorio Marañón, como parte del Año Greco, y ahora sale a la luz la publicación El fuego griego. Memoria de El Greco en Castilla-La Mancha. En septiembre, el turno es para el Museo de El Prado, que inaugurará la exhibición El Greco: Arte y oficio.

Todos quieren tener un poco de esa luz que aún encandila. Resulta paradójico: El Greco desapareció durante 300 años como personaje relevante del mundo pictórico, sin dejar influencias ni estudiosos que interpretaran a un artista que en Toledo alcanzó su plenitud.