Los regalos son uno de los grandes protagonistas de las fiestas navideñas, pero al momento de recibirlos, algo puede salir mal. El psicólogo británico Jeremy Dean, autor del blog psicológico PsyBlog dice: "Suponemos que las personas cercanas a nosotros nos conocen lo suficientemente bien como para llevarnos buenos regalos. Así que cuando llega un mal obsequio, este tiende a reflejar una cierta pobreza en la relación".
Sin embargo, según este experto, los hombres y las mujeres parecen tener diferentes mecanismos psicológicos para hacer frente a los regalos pobres o inadecuados. Ellas fingen que el obsequio recibido es justo lo que siempre han deseado, mientras que ellos son más propensos a decir lo que de verdad piensan.
Otra investigación, denominada liderada por Carol M. Werner, del Departamento de Psicología de la Universidad de Utah, sugiere que las decoraciones navideñas que ponemos en el exterior de nuestras casas hacen que otros piensan que somos más sociables y que quizá estemos más integrados en la comunidad y sus actividades sociales.
Este trabajo, publicado en el Journal of Environmental Psychology, también sugiere que quienes viven en las casas adornadas pueden utilizar la decoración exterior como una forma de comunicar su accesibilidad a otros vecinos.
El psicólogo John Groho l, fundador y director del portal Psych Central, se pregunta en su informe Christmas Lighting Addiction: ¿por qué algunas personas parecen volverse un poco locas con la cantidad de luces y pantallas luminosas que ponen en sus casas y jardines?.
Según Grohol este fenómeno creciente es casi exclusivamente estadounidense y se ha convertido en una adicción conductual "en toda regla" para algunos individuos.
Algunas personas son lo que, en términos psicológicos, se denomina "buscadores de atención" e iluminar sus casas masivamente es una manera semianónima y sencilla de captar un montón de atención por parte de la comunidad local sin necesidad de disponer de grandes habilidades.
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