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HISTÓRICO
EL URIBISMO COMO OPOSICIÓN
  • EL URIBISMO COMO OPOSICIÓN
Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 18 de junio de 2014

Unos seis millones novecientos mil votos se mantendrán como una constante protesta al gobierno de Juan Manuel Santos, a lo que ha hecho y dejado de hacer. Sí, Santos ganó, y no por poco, novecientos mil votos lo separaron de Óscar Iván Zuluaga y se configuran, efectivamente y como dijo el propio presidente reelecto, en un claro mandato renovado sobre su gobierno.

Pero la contraparte también puede dar cuenta de un muy buen resultado. En efecto, el uribismo consiguió casi siete millones de votos y el Centro Democrático, aunque sin presidente, se ha perfilado como la segunda fuerza política más grande del país, solo superada por la amalgama de partidos y personajes que configuran la Unidad Nacional.

El gobierno de una democracia debe ser posible, pero nunca cómodo. Y esa incomodidad la provee la oposición política; el equilibrio de los poderes políticos y la representación de las ideas, las opiniones y los sentimientos de los ciudadanos.

La unanimidad nunca ha sido amiga de la democracia y pocas situaciones son tan peligrosas en este sistema como la falta de oposición: cuando sobre un tema no hay disidencias, se cuecen problemas para el tenso equilibrio que debe tener una democracia saludable.

Pero la labor de las fuerzas de oposición debe ser, ante todo, responsable y juiciosa.

La oposición supone una labor transcendental en la que el uribismo tiene un papel muy importante que cumplir durante los próximos cuatro años en términos de control político, del seguimiento al desarrollo de las negociaciones con las guerrillas y la labor de gobierno en general.

Sin embargo, resulta preocupante que en algunos sectores de la oposición uribista, particularmente en la figura del mismo expresidente, los términos se estén dando desde el desconocimiento del contendor, y en este caso, del claro ganador de las elecciones del domingo pasado.

Luego de una larga y complicada campaña electoral, es momento de sanar heridas. Y esto no tiene que ser una pretensión de sumisión, aunque sí, de necesaria y responsable calma. Los ánimos, tan caldeados -por motivos casi siempre electorales-, en las últimas semanas, deben volver a la reflexiva calma de la política responsable, no del enfrentamiento perpetuo, irreconciliable, extremo entre los “unos” y los “otros”.

Ser oposición a un gobierno -sobre todo a uno con mayorías legislativas tan claras- supone un desafío enorme pero, sobre todo, una responsabilidad fundamental en una democracia saludable. Esperemos que el uribismo, Óscar Iván Zuluaga y el expresidente Uribe estén a la altura del reto.