El marqués de Carabás era tan opulento que toda la tierra alrededor era suya. A la derecha, a la izquierda, al frente, atrás, para todos lados, casi hasta donde alcanzaba la vista era de su propiedad. Dice el cuento de El Gato con Botas que era tal su riqueza que el rey de la nación decidió casarlo con su hija, lo que lo convirtió en príncipe.
Al norte de Barranquilla, no hay precisamente un marquesado, con cientos de hectáreas de tierra de un marqués, pero buena parte de la tierra de este exclusivo sector es de Cementos Argos.
Son 1.300 hectáreas que eran de propiedad de Cementos del Caribe desde 1944, cuando nació la cementera (hoy Cementos Argos), que se dejaron de explotar y que se constituyeron en una revolución del suelo de la capital del Atlántico, pues allí se está construyendo una nueva ciudad, con andenes, espacios públicos, amplias vías, edificios modernos y dotación educativa, de salud, para la recreación y el esparcimiento.
Primeros desarrollos
Pero de toda esta tierra solo se está edificando en 769 hectáreas, que hacen parte de un plan maestro denominado Riomar. De esa cifra 548 hectáreas se usarán en la construcción de las unidades residenciales y de diferentes usos, mientras que las 221 restantes hacen parte de las áreas de espacios públicos y ecológicos.
José Alberto Vélez Cadavid, presidente de Argos, recuerda que en los años 50 se desarrollaron en Barranquilla grandes sectores influenciados por el movimiento moderno, que se convirtieron en modelo para el país.
Desde entonces, la ciudad dejó de planearse de manera integral, lo que produjo una estructura urbana desarticulada con grandes desarrollos informales y un gran atraso en su infraestructura y equipamientos.
No hubo defensa del espacio público y la articulación de sus actividades se descuidó hasta llegar a situaciones irreversibles que se viven hoy en esa ciudad.
Cuando la compañía decidió que la explotación en la planta no iba más, porque se había cumplido su vida útil, vio una alternativa de desarrollo inmobiliario. Así fue como nació Urvisa (Urbanizadora Villa Santos), que empezó a impulsar la construcción en esa zona.
Pero no se quería desarrollar una urbanización desordenada. Con el asesoramiento y acompañamiento del arquitecto Rafael Obregón, gestor de Ciudad Salitre (de 240 hectáreas, en Bogotá) y de un equipo interdisciplinario, se decidió hace 10 años empezar a construir una nueva ciudad en estas 769 hectáreas que comprenden terrenos de Barranquilla y de Puerto Colombia.
Las primeras intervenciones fueron con el centro comercial Buenavista, clínicas y hoteles a su alrededor, así como unidades de vivienda para estratos medio altos.
Cuenta María Inés Camargo Delgado, gerente de la regional Caribe de Camacol, que desde entonces los barranquilleros empezaron a ver esta zona como un buen vividero por todo lo que tenía a su alrededor.
Con planeación
De acuerdo con Vélez Cadavid, Urvisa ha proyectado el desarrollo de sus terrenos a partir de una planeación ambientalmente sostenible y de largo alcance, previendo una estructura vial a partir de bulevares arborizados.
La estructura, hace parte de un sistema general de espacio público, que permite dotar cada urbanización con zonas verdes que contemplan desde la escala metropolitana hasta el parque vecinal.
En este desarrollo se han incluido nuevas tipologías de vivienda (los conjuntos residenciales) y se ha propuesto atraer a sus urbanizaciones centros comerciales, empresariales, hoteles y campos deportivos. Esta mezcla de usos propuesta por el proyecto, facilita el desarrollo e integración de la comunidad.
Entre los plus que resalta Camargo Delgado de esta ciudad dentro de la ciudad, es que no solo se está construyendo vivienda para una élite. La intervención contempla un esquema multiestrato, en el que pueden convivir desde el estrato dos hasta el seis.
Toda la intervención ha sido concertada con la administración municipal, a través del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) y de las entidades de la construcción del Atlántico.
Es otra ciudad...
Alberto Cáceres es un tendero que hace cuatro meses se fue a vivir a Miramar, una de las unidades estrato tres que ya se construyó en Riomar. Asegura que es una de las mejores zonas para vivir porque está todo cerca, hay buenas vías y, lo mejor, no existen los problemas de arroyos que tanto afectan a Barranquilla, ya que hay un alcantarillado con todas las de la ley.
Otro de los beneficios que resalta el hombre es que hay parques y zonas verdes para el disfrute de su familia. "Esto es estrato tres con cara de seis", dice Cáceres en medio de risas de los vecinos que a esa hora están en su negocio.
Aracelly Suárez es habitante de Villa Carolina, otra unidad pero de estrato cuatro. En uno de los parques aledaños a su casa, la mujer cuenta que vive en la zona hace poco más de un año porque la considera el mejor vividero de Barranquilla. Muestra la cantidad de espacios públicos que hay, las vías en perfectas condiciones y eso, en su concepto, es calidad de vida.
Ni Alberto ni Aracelly conocen la historia del Marqués de Carabás. Lo que saben es que su ciudad está cambiando gracias a unas intervenciones urbanas que dejaron atrás los peligrosos arroyos, las vías congestionadas y el limitado espacio público. Y esa nueva ciudad se está haciendo con la intención de permitir que todas las clases sociales vivan armónicamente con el medio ambiente.
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