El metro de Madrid se llenó de banderas de todas las nacionalidades. En las calles los peregrinos se saludan aún sin conocerse. Se reconocen con la mirada o con el símbolo de la JMJ que llevan en sus camisetas, sombreros o pañoletas. Basta un saludo para hacerse amigos y empezar a disfrutar juntos esta fiesta que promete cambiar las vidas de quienes la viven.
En Madrid no quedan madrileños: ha sido inundada por peregrinos que asisten a la Jornada Mundial de la Juventud que presidirá el Papa Benedicto XVI.
Ayer recibieron sus acreditaciones y celebraron con una misa la inauguración de la JMJ en la Plaza Cibeles, la misma donde festeja habitualmente sus títulos el Real Madrid, a cargo del arzobispo de la ciudad anfitriona Antonio María Rouco Varela.
La mochila del peregrino es el nuevo virus de la capital española, el amarillo, el rojo y el naranja saltan a la vista por donde se camina, quien lleva la mochila es reconocido como peregrino oficial de la JMJ.
En la mochila va un pase, con el cual pueden acceder a los actos centrales y a las casi 300 actividades del programa cultural; un abono de transporte para usar el servicio público de la ciudad durante los días de la jornada; y los vales de comida que podrán ser canjeados por el menú JMJ en los más de 6.000 restaurantes que colaboran en la Jornada.
Hay, además, un abanico, un rosario, un evangelio, una guía de JMJ con todos los eventos y actividades junto a un Youcat que recoge la doctrina y el catecismo de la Iglesia Católica adaptada al lenguaje de los jóvenes con prólogo de Benedicto XVI forman también parte del kit del peregrino.
Hay 200 confesionarios portátiles instalados en varios puntos de la ciudad. Te confiesan en diferentes idiomas, claro, porque por estos días Madrid es políglota.
Solo en la mañana de ayer ya había medio millón de peregrinos acreditados, con previsiones de doblar o triplicar la cifra conforme se acerca la visita del Benedicto XVI, agendada para mañana.
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