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HISTÓRICO
ILUSIÓN
Por Alejandro Echeverri R.

Se dice comúnmente que lo que poco cuesta poco se aprecia. ¿Cuántas ciudades podrían contar el cuento de tener la posibilidad de un parque natural o un corredor verde a diez minutos caminando desde cada una de nuestras casas donde vivimos? Sin duda se podrían contar en los dedos de la mano.

Pero no estamos hablando de una ciudad imaginaria, pues la conurbación que conforman Medellín, Bello, Envigado, Itagüí y Sabaneta, que es lo que podríamos definir como nuestra ciudad funcional, la real, tiene más de 200 quebradas en la zona urbana, que suman más de 190 kilómetros lineales que podrían ser corredores verdes naturales.

El 100 % de los barrios están a 500 metros o menos de una quebrada, esto significa que podríamos tener un parque lineal a 10 minutos o menos caminando desde nuestras casas.

¿Y entonces, por qué no tenemos parques? ¿Por qué estos corredores naturales han ido desapareciendo de nuestra vista?

Por una razón sencilla, que es contraria al sentido común, hemos ido perdiendo nuestros sistemas naturales, es una idea equivocada que ha estado presente en el desarrollo de nuestra sociedad, que la naturaleza se destruye; no porque no sea bonita, sino porque muchos piensan que es un impedimento para el progreso, que son más importantes las vías que las quebradas y los árboles.

No es que las personas sean hostiles, pero ha estado presente por muchos años este monumental error de que hay que escoger entre desarrollo y naturaleza. Nuestro reto es cambiar este pensamiento de que la naturaleza es un impedimento para el desarrollo urbano y que debe ser en cambio un prerrequisito esencial para este. En Medellín, cambiar esta idea no es una opción, es una obligación, ya que sus quebradas determinan el ADN de la ciudad y tienen el potencial de conformar una red de espacios naturales públicos y privados que recorran cada uno de los barrios de la ciudad.

La naturaleza dibujó a Medellín a partir de sus quebradas, fue un regalo que nos dieron, lo podemos comprobar todos los días cuando recorremos la ciudad, por donde pasamos siempre existe una quebrada. No es un sueño pensar en nuestra ciudad con cientos de corredores verdes cercanos a nuestras casas. La ilusión sería que el nombre que definiera la identidad de cada uno de nuestros barrios, que nos identificara en la ciudad, y nos definiera a cada uno, fuera el de la quebrada vecina.

"Yo soy de La Negra, La Loca, La Caravieja, El Ahorcado, El Chorro Oscuro, El Salado, El Malpaso, La Honda, La Alta Vista, La Asomadera, La Bermejala, La Esmeralda, La Yerbabuena, Las Violetas, La Milagrosa, La Presidenta, La Señorita…".

"La ilusión no se come -dijo ella- no se come pero alimenta -replicó el coronel-  Del Coronel no tiene quien le escriba (1961).