La celebración de nuestras fiestas patrias en estos meses de julio y agosto, nos recuerda que somos una sociedad joven cuyos miembros no tenemos suficientes referentes comunes para generar identidad nacional y reconocernos como iguales. No respetamos las normas, la impunidad es rampante, la administración de la justicia no funciona adecuadamente por falta de jueces íntegros y por el elevado número de individuos que delinquen; la sociedad no educa a sus miembros para la vida en comunidad y en consecuencia, no sabemos suscribir pactos o establecer contratos sociales que le apunten a respetar nuestra igual dignidad humana. En muchas circunstancias somos meramente una agrupación de hombres que se agreden con facilidad y por falta de educación y referentes, no dimensionamos el daño que nos infligimos.
Hemos fundado nuestras relaciones en la doctrina de la moral católica del amor por el otro y hemos asumido la aceptación del sufrimiento, como camino a la vida eterna. Esto nos lleva al conformismo, contrapuesto al pasivo afán contemporáneo del progreso aunque paradójicamente aceptamos la violencia como alternativa para lograrlo sin importar las implicaciones en la formación de los hijos. No olvidamos que la nuestra es una sociedad exuberante de vida y esperanza, que nos seduce y nos invita a amar con liderazgo y a sembrar de oportunidades el futuro para todos.
En el Centro de Fe y Culturas pensamos que esta es la sociedad que se prepara para el fin del conflicto armado y que debe emprender el camino de la paz a partir del cese el fuego en todos los sentidos y en todas las direcciones. Se hace necesario que suscribamos un contrato social que permita concentrar los instrumentos de poder de la sociedad y generar un Estado fuerte, respetable, democrático e identificable por todos los colombianos; esto garantizará la legitimidad de la norma, el respeto por la ley, pondrá justicia y permitirá recuperar la confianza en las instituciones.
Una vez recobrada la confianza, empecemos a construir y apoyar iniciativas en pro de una mayor equidad y solidaridad en una sociedad con ganas de vivir y trabajar en paz con vínculos de respeto y libertad que emprendan el camino a la convivencia y a la justicia social. Las condiciones están dadas para el cambio social y la educación es el instrumento fundamental. Educación desde la cuna hasta siempre, crítica, reflexiva, que ayude a descubrir quiénes somos y cómo debemos ser; una educación que aproveche nuestra inagotable creatividad, y genere una ética solidaria que encauce nuestro afán de superación personal. Que alcance la anhelada paz, con las mismas energías que le hemos entregado a la violencia. Es necesario educar para la generación de riqueza y para el pleno ejercicio de las libertades políticas en una nueva sociedad que respete la vida humana y que garantice oportunidades de convivencia, progreso y felicidad para todos. Para ello, para todo ello, la educación es la clave.
* Miembro del Centro de Fe y Culturas.
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