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LA PAZ QUE NOS DEVOLVIÓ LA GUERRA

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02 de octubre de 2014
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"Aquí no hay nada que esconder y decidimos hacerlos públicos para, en cierta forma, callarles la boca a quienes están diciendo que le estamos entregando esto al castro-chavismo y que el Ejército lo vamos a disminuir a su mínima expresión". Esto dijo el presidente Santos en una entrevista realizada hace un par de días para justificar, una vez más, el levantamiento de la reserva de los acuerdos de La Habana.

En primer lugar, podría uno creer que las palabras del presidente Juanpa, obedecen a un gesto de honradez para que todo el mundo se entere de las bondades que se están pactando Cuba.

Podría creerse también, que iban dirigidas al expresidente Álvaro Uribe y a todos aquellos que nos hemos declarado abiertamente en desacuerdo con la formacomo se están llevando las conversaciones de paz. Pero no. Esas calculadas palabras fueron simplemente un refuerzo al parte de tranquilidad que el presidente Santos, se vio obligado a dar, tanto a la a la comunidad internacional, como al pueblo colombiano, que han empezado a inquietarse seriamente por la suerte política de Colombia.

Fue un mensaje indirecto para los inversionistas extranjeros que están preocupados no solamente por el evidente deterioro del orden público nacional, sino también porque no ven con buenos ojos esa cercanía (por no decir alcahuetería), del presidente Santos con las dictaduras comunistas de Venezuela y Cuba, esta última, por la que se atrevió, inclusive, a abogar en su reciente viaje a Estados Unidos. Inversores que tampoco entienden esa cierta permisividad que se le está dando al narcotráfico y a otros negocios ilegales, a sabiendas de que son el sustento de las Farc y de las demás bandas criminales. Además, porque se manifestaron ingratamente sorprendidos con el nombramiento del expresidente del gobierno del narcoelefante, para presidir la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).

Eso de levantar la confidencialidad sobre lo acordado hasta ahora en La Habana, no obedece, pues, a ningún gesto de honestidad del presidente Santos, como han tratado de hacernos creer, sino, más bien, a una estrategia elaborada para desvirtuar los rumores de que Colombia entrará por la senda del Socialismo del Siglo XXI, y para tratar de sosegar a este pueblo hastiado de violencia y dolido con las exigencias y las provocaciones que los criminales de las Farc hacen desde la cómoda trinchera que tienen montada en La Habana.

Pero, las cosas no son tan sencillas y al presidente Santos se le empezaron a desmoronar las mentiras con las que sustenta la farsa de La Habana. Esa maniobra no va a funcionar porque la gente no es tan boba como él cree y ya se dio cuenta de que lo revelado que, entre otras, no se sabe si corresponde a la totalidad de lo acordado hasta ahora, es en extremo alarmante porque implica un cambio en el modelo de Estado. Además, vio que en los tres puntos en los que hay acuerdos, han quedado alrededor de 28 temas o "subpuntos" por resolver. Mejor dicho, como ya lo habían denunciado esas voces que están luchando por defender a toda costa nuestra democracia, no se sabe qué es más nocivo, si lo ya conciliado o lo que falta por conciliar.

Cuatro años de engaños de paz, de despilfarro, de promesas incumplidas y de desgreño administrativo, sumados a la violencia que se apoderó nuevamente de país, acusan ya fatiga y hartazgo. Comparto la frase pronunciada por el exministro Fernando Londoño: la guerra de Uribe nos trajo la paz, la paz del presidente Santos nos devolvió la guerra.

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