Llama la atención que la vida privada de ciertas personas públicas sea considerada como propia para algunos columnistas. Es el caso de la Fiscal Viviane Morales, sobre quien se ha generado una polémica por su matrimonio con el controvertido Carlos Alonso Lucio.
Hay quienes consideran que se trata de un asunto de su vida privada, sin ninguna importancia para ejercer sus funciones como Fiscal; otros opinan que su relación puede interferir en esa labor. Cuando una persona hace parte del poder político, de los medios de comunicación o de la "farándula criolla", su vida resulta ser de interés general y es difícil privarse de los comentarios de la gente. Esto no es nada nuevo.
Hablar de la vida privada de las personas y particularmente de los personajes que han tenido un sitial en la pirámide política del país, nos remite a las contradicciones del Estado, la sociedad y su pequeña vida familiar. La vida privada en Colombia tiene una historia como hecho social. La intimidad de los hombres y mujeres públicos que ejercen el poder del Estado, es considerada un velo débil que les permite a los ciudadanos estar atentos a lo que pasa en el interior de su cotidianidad. Al escarnio público no le importa que sus vidas estén surcadas por la tristeza y angustia, por la pasión y los romances clandestinos, o por la soledad y el desamor. Basta un vistazo a la historia colombiana para ver que así ha sido siempre: Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, son buenos ejemplos.
El señalamiento de las mujeres y su participación burocrática parece ser más vulnerable a la crítica pública. Las pocas mujeres que ejercían cargos visibles, eran objeto de comentarios y rumores. Víctor Uribe, en el libro " Historia de la vida privada en Colombia "; asegura que esos comentarios no siempre se debían a buenas razones, actividades como la alta burocracia estatal y la milicia, las mujeres eran excluidas. Después de todo, mujer pública sonaba impúdico.
Bolívar tuvo romances escandalosos con la bella Bernardina Ibáñez y la quiteña Manuela Sáenz. Su relación ocasionó comentarios entre su tropa, pues la mujer, al sentirse traicionada, le arañó y le mordió el rostro, el pecho y las orejas, dejándolo cicatrizado. Santander, que tuvo la idea de establecer un código moral como modelo ante la sociedad, tuvo sus romances adulterinos con Nicolasa Ibáñez, con quien tuvo un hijo.
El General Tomás Cipriano de Mosquera, a los 19 años engendró dos hijos naturales con dos esclavas negras propiedad de su rica familia. Núñez tuvo relaciones con una mujer casada llamada Gregoria de Haro; y con Soledad Román, cuando todavía estaba casado con Dolores Gallego. Elegido nuevamente Presidente, no tuvo recato en llevarla al palacio presidencial. En muchos círculos sociales de Bogotá, esto se consideraba escandaloso, pues su esposa sacramental aún vivía.
Así que el caso de la Fiscal no es nuevo. Sin embargo, no deja de impactar: por un lado, por su matrimonio con un hombre que ha tenido relaciones con grupos criminales y ha sido condenado por el Estado. Grupos a los cuales la Fiscal debe aplicarles el rigor de la ley. ¿Es ético que haya contraído matrimonio con este personaje? Lo cierto es que no se librará fácilmente del incómodo acecho de los medios de comunicación y la sociedad.
Ella, como los personajes que aquí mencionamos, no se escaparon de la opinión pública, como tampoco lo hicieron aquellas personas tocadas por la pasión del poder y con esa pasión cambiaron el rumbo de los pueblos: Hitler, Napoleón Martí, Stalin o Eva Perón y muchos más.
Pico y Placa Medellín
viernes
3 y 4
3 y 4