Habrá algo mejor para los paisas que un buen plato de fríjoles calientes saboreados en un estadero típico a orillas de carretera? Tal vez sí: otro plato de fríjoles iguales para que la dicha sea doble.
Así lo considera Heriberto Valderrama Betancur, un paisa de racamandaca, de esos de sombrero y poncho y además con caballo, quien hace 25 años dio con el secreto para deleitar los paladares de los antioqueños e incluso de ciudadanos de otras regiones del país y del exterior con unos buenos fríjoles.
Pero no unos fríjoles cualesquiera sino hechos con un toque especial, "el que les puso doña Lía (Delia Guerra), mi esposa, que trabajó más de siete años buscando las fórmulas para que nuestros fríjoles quedaran perfectos, en el punto preciso para que no se volvieran caldudos, ni pegotudos y ni siquiera se vinagraran", cuenta Heriberto, oriundo de Yarumal y todo un ejemplo de lucha y de tesón, pues antes de triunfar con su secreto culinario vivió dificultades y fracasó en muchos negocios.
Buenos secreticos
Bueno, pero esos fríjoles perfectos, cuyo secreto de preparación sólo lo saben él y su familia, ya que doña Lía se lo llevó a la tumba cuando murió hace cuatro años, necesitaban un reino. Y así nació El Palacio de los Fríjoles, un negocio que encantó tanto a propios y extraños, que ya cuenta con tres sucursales fuera de la principal, que está ubicada en Amagá.
"Lo montamos hace 25 años, fue todo un éxito y nos dio para montar un año después el de Cocorná y luego los de Marinilla y Tutucán, cada uno se lo dejamos a un hijo y ellos son los que los administran", cuenta don Heriberto, que admite que pese a su éxito actual, "fracasé muchas veces, pero me supe levantar".
Narra, por ejemplo, que en sus tiempos de muchacho hasta trabajó instalando los acueductos de algunos barrios de Medellín por allá en los años 60.
Afirma que se metió al negocio de las comidas en varias fábricas de Medellín y eso le dio experiencia para montar, en los 85 y 86, los palacios de los fríjoles, que son todo un éxito no sólo por su sazón, sino por el entorno en el que están montados.
El de Cocorná, por ejemplo, ubicado al borde de la autopista Medellín-Bogotá, unos metros adelante de la entrada al municipio de San Francisco, es de ambiente paisa. Con sillas y mesas de madera, kiosco, hornos al carbón, ollas y utensilios de barro cocido.
"Porque no es solamente el fríjol, sino lo paisa en sí, que incluye la ensalada, la manera de preparar la carne, el chicharrón, los chorizos, la mazamorra, todo", dice.
Sabor presidencial
Y más allá de todo, la atención y el ambiente familiar que se vive en el lugar. Lo reconoce Bernardita Tovar, una bogotana que cada que viene hacia Medellín no se pierde la parada en el Palacio situado en Cocorná:
"Me gustan de por sí los fríjoles, y los de acá tienen un sabor especial". Con ella coinciden varios comensales que al momento de esta entrevista estaban en el sitio.
Heriberto, sin duda, se volvió el rey de los fríjoles en Antioquia. Y el trono, aunque han querido quitárselo cuando han copiado el nombre de su establecimiento, él lo ha defendido con coraje y corazón.
Y el mejor trofeo a su tesón lo tiene colgado en una de las paredes del Palacio: una foto en la que el presidente Álvaro Uribe le da un reconocimiento: "fue cuando él vino a un consejo de Gobierno en Cocorná y a mí me contrataron para preparar la comida".
Mejor dicho, hasta el Presidente saboreó su plato y le gustó tanto, que dicen quedó de volver. Eso espera este paisa echado pa'lante, al que las caídas no lo tumbaron sino que, al contrario, lo hicieron pararse, cada vez, un poco más erguido.
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