Queridos visitantes, no nos deja de gustar el tango, pero ya no solo acumulamos penas de bandoneón. También asimilamos -¡y de qué manera!- la salsa, el rap, el hip hop y el reggaetón. Y las vertientes de lo que recogen la world music y las experimentaciones electrónicas. Además de una proliferación rockera enérgica, en todas sus gradaciones. Y el jazz y el latin jazz caminan lentos, pero seguros.
Es curioso: en Medellín hay gente que sabe mucho de música, pero al tiempo la ciudad aún sabe tan poco de música. Quiero decir que circulan por aquí numerosas manifestaciones musicales, de todos los matices rítmicos y procedencias geográficas y, sin embargo, los aparatos difusores (medios masivos y establecimientos) mantienen una oferta tan estrecha que parece no haber nada más que las modas musicales que imponen la industria discográfica y las emisoras de la más pobre visión cultural y la mayor agudeza mercantilista.
Pero contra todos los pronósticos creo que la Medellín de hoy suena bien, por lo menos suena cada vez más polirrítmica gracias a esperanzadores fenómenos de enseñanza musical y de hibridación social y cultural que vienen incubándose con mayor fuerza durante los últimos 20 años.
Creo en la música como posibilidad expresiva pero sobre todo como "tempo" de manifestación de poderes y saberes. Hay que ver lo que han significado las redes de bandas musicales en los barrios de la periferia, para permitir no solo el conocimiento instrumental y de las "músicas cultas" sino también para trasladar ese dominio técnico a la construcción de nuevos lenguajes musicales populares. ¿Alguien se ha preguntado por qué hay violines y saxofones jóvenes y pianos vigorosos entre nuestras orquestas más silvestres de los barrios? ¿Se les ocurre pensar que funcionan ya en Medellín descargas semanales (del corte jam session ) alimentadas por muchachos que tal vez se nos hubiesen perdido en el mar de sangre que alguna vez fuimos y que hoy nos empeñamos en desecar? Cómo me emociona ver a nuestros chicos, tan aguerridos, agudos y rebeldes, refugiándose en "el eco de un tambor".
Medellín suena diversa, suena todavía dispersa y a veces "suena sorda" por la ceguera de quienes controlan y establecen la programación musical de la radio. Pero contra esas elecciones caprichosas y fáciles, se descubre una ciudad que comienza a destaparse los oídos y a construir alternativamente una cultura musical menos cerrada y parroquial. Qué bien nos hace este Congreso Iberoamericano de Cultura, para seguir en la dirección de descubrir nuestra "percusión urbana" y la sonoridad de otra gente, de otros lugares de los que nos separan apenas unas notas y algún canto compartido.
Lo digo porque es clave (¡musical!) que donde tanto han sonado balas, que donde tanto han sonado réquiems (en tango, salsa y rancheras) ahora nos fascinen la melodía y el coro que forman Ustedes, de visita. Gracias por querernos e integrarnos a su banda, tan vital. ¿Saben?, es que aquí sabemos mucho de bandas.
Pico y Placa Medellín
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