Pico y Placa Medellín

viernes

2 y 8 

2 y 8

Pico y Placa Medellín

jueves

5 y 9 

5 y 9

Pico y Placa Medellín

miercoles

4 y 6 

4 y 6

Pico y Placa Medellín

martes

0 y 3  

0 y 3

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

1 y 7  

1 y 7

Misionero sobreviviente de la II Guerra busca la paz en el Cauca

¿Cómo vive la confrontación en Cauca un misionero que escapó de la Segunda Guerra Mundial?

  • Misionero sobreviviente de la II Guerra busca la paz en el Cauca | El padre Ezio no sabe si pudo haber hecho algo por pacificar el Cauca o no. ¿Qué hago yo por la paz? se pregunta. Tal vez tener la puerta abierta para el que necesita entrar. FOTO COLPRENSA
    Misionero sobreviviente de la II Guerra busca la paz en el Cauca | El padre Ezio no sabe si pudo haber hecho algo por pacificar el Cauca o no. ¿Qué hago yo por la paz? se pregunta. Tal vez tener la puerta abierta para el que necesita entrar. FOTO COLPRENSA
21 de julio de 2012
bookmark

Ezio Guadalupe Roattino está vestido con pantalón café, camisa azul manga larga, ruana. A esta hora, nueve de la noche del 19 de julio de 2012, no parece un sacerdote. Luce, más bien, como otro campesino que camina por la plaza de mercado de Toribío con una linterna en la mano.

La linterna es por la guerra. En las noches, por algunas zonas del municipio, no se ve el cemento si se mira hacia abajo, no se tiene idea si a dos pasos hay un hueco, una zanja, unas gradas. La oscuridad por falta de alumbrado público es protección para los policías que patrullan el pueblo. En los cerros que lo rodean, dicen, el Sexto Frente de la guerrilla de las Farc ubica francotiradores que apuntan hacia los uniformados.

Ezio Guadalupe Roattino, 76 años, lleva 30 viviendo en el Cauca, especialmente aquí, en Toribío. Mucho antes de eso había nacido en Europa, en lo que hoy es Eslovenia, el 19 de noviembre de 1936. Un poco después supo qué era la Segunda Guerra Mundial.

A Claudio, uno de sus mejores amigos de infancia, lo mataron los alemanes. Habían decretado el toque de queda. Claudio se quedó dormido en casa de unos familiares. El padre Ezio tenía 8 años. Cada vez que viaja a su tierra visita la tumba de su amigo.

En otra ocasión viajaba con su familia en un camión. Atrás, en medio de telas, se escondía un partisano que se oponía a la ocupación Nazi en Italia. Un retén alemán los detuvo. Requisaron, descubrieron al partisano, lo mataron.

Era la guerra. Lo marcó tanto, que se preguntó qué hacer para buscar la opción de un mundo diferente. Optó por la fe en Jesucristo, es misionero de La Consolata.

El padre Ezio ya está sentado tras un escritorio de la casa cural de Toribío. Asegura que esa deshumanización de la guerra que vivió siendo un niño, se ve en el Cauca. Es lo mismo, es lo mismo, repite.

En el Cauca, dice, ha sepultado a jovencitos asesinados en Caldono, en Toribío. Ha visto cuerpos a orillas de la carretera que lanzan ahí para asustar. Una chiva bomba que estalla en la plaza de mercado, cilindros que destruyen casas.

Misión en el Cauca
Son tantos años en el Cauca, tantos años de bombardeos, amenazas, ametrallamientos, que vivir así es una zozobra, un desgaste nervioso. El padre Ezio menciona a un amigo suyo, su mentor, justo quien lo invitó a trabajar en el Cauca después de estar en el Magdalena y en las favelas de Brasil: el sacerdote Álvaro Ulcué Chocué, el primer sacerdote indígena de Colombia.

Cuando lo mataron, dice Ezio, el 10 de noviembre de 1984, Álvaro Ulcué sonreía. Decía: no tengan miedo, no tengan miedo de morir. El valor contagia, asegura Ezio, que ahora explica el por qué de la guerra en Cauca.

“Es la codicia. Esa es la razón”. En el Cauca, es lo que quiere decir el padre, la guerra es social, se origina por las inequidades. Ahí está la raíz. También es una guerra cultural. Los bandos quieren imponerse.

En Toribío están cansados de la guerra que destruye casas, sega vidas, mutila piernas. Acompañar, repite el padre Ezio, es su aporte a la paz de esta tierra.

Eso explica por qué, junto con la Guardia Indígena, subió al Cerro Berlín hace dos días. Acompañó a sus líderes que buscaban retomar el territorio. Soportó, al siguiente día, los enfrentamientos entre el escuadrón antidisturbios de la Policía y la guardia. Tragó gases, caminó horas, tosió, se ahogó, lloró.

El buen pastor, agrega, jamás huye cuando el lobo llega. Ahora bosteza, se soba los ojos, mira su reloj. Son las diez de la noche. El padre camina de nuevo con su linterna prendida por el parque del pueblo.

Te puede interesar

Las más leídas

Te recomendamos

Utilidad para la vida

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD