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HISTÓRICO
¡MUCHAS GRACIAS A TODOS!
  • ¡MUCHAS GRACIAS A TODOS!
Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 16 de julio de 2014

Hay algo increíblemente aterrador en la sensación que acompaña al bloqueo de escritor. En efecto, quedarse viendo la hoja de papel o el archivo en blanco de Word sin tener palabras de las qué echar mano, cuando la cabeza parece una despensa vacía e incluso se escapan los lugares comunes, y las frases ingeniosas se deshacen en la incapacidad de articular del escritor.

No digo que sea la peor de las sensaciones, por supuesto que no -cosas peores nos tiene reservada la vida-, pero sí lo suficientemente angustiante para haberse ganado un nombre, para ser el remedo de una patología.

Todos los que hemos escrito por oficio la hemos experimentado; los columnistas, con esa sentencia que pende sobre nuestras cabezas que es la fecha de entrega, la tememos semanalmente. Sin embargo, temerla no es ceder a su poder, aterrarse hasta la parálisis, porque a veces se puede estar bloqueado y eso no ser tan malo; en ocasiones los mejores escritos salen del desbloqueo, de lo que fluye desordenado en la cabeza luego que la barrera se rompe.

Esta semana tuve un poco de bloqueo de escritor, probablemente porque no quiero despedirme de la versión impresa de Catalejo, mi columna. Efectivamente, hoy abandono las páginas impresas de El Colombiano, luego de tres años y 145 columnas.

En este tiempo, hablé sobre presidentes, campesinos, mineros y bandidos; congresistas, ministros, militares y narcotraficantes; los defendí y ataqué, les reclamé y los apoyé, me obsesioné por mantener tanta imparcialidad como es colombianamente posible; porque nuestro país nos pide activismo, nos exige posiciones y determinación, y por eso, en ocasiones -y ruego me disculpen- escribí con rabia y tristeza, al referirme a guerrilleros y corruptos; aunque también con sentimiento y alegría, al hablar de deportistas y personas de a pie.

Aprendí que en Colombia hay muchos héroes cotidianos, y unos pocos villanos, aunque muy poderosos. Que creer en este país no tiene que ser un pecado, y que lamentarse con cinismo no puede ser admirable; que con esos pequeños esfuerzos diarios y ese compromiso esporádico que les damos a las pequeñas cosas, todavía hay tiempo para salvarnos, para empezar a hacer de este un lugar digno al cual llamar patria.

Les agradezco su apoyo, a los lectores juiciosos y a los esporádicos, a los comentaristas y a las directivas de El Colombiano. Y los invito a leerme en la Web del periódico, todos los jueves, y a que sigan compartiendo conmigo el aprendizaje de escribir sobre nuestro país cada semana.

Gracias.