Una vez pasadas las aplanadoras mediáticas en las que se convirtieron las convenciones partidistas en los Estados Unidos que dan paso a la campaña como tal, Barack Obama tiene a su equipo tratando de encontrar la fórmula para ganar, que él mismo se encargó de desaprovechar. Las opciones del senador demócrata van en picada por cuenta de su falta de liderazgo; si comparamos los dos candidatos, de lejos un observador desprevenido entendería que Obama tiene una estrella que le alumbra su camino hacia la Casa Blanca y al contrario John McCain, carga pesados lastres que le harían difícil alcanzarla.
Obama es un político joven, McCain es un hombre de 72 años; Obama es saludable, McCain tiene cáncer de piel; Obama es una nueva generación en la política, McCain lleva 26 años en el Congreso; Obama no recibe fondos públicos ni de grandes empresas, McCain sí los recibe; Obama dice no a la guerra en Irak, McCain la apoya; Obama representa el sentimiento antiBush, McCain es del partido del Presidente.
Sin embargo y con estas condiciones tan favorables al senador demócrata y tan adversas al senador republicano, todas las encuestas coinciden en presentarlos en una carrera empatada, algunas sin embargo muestran a McCain por encima de Obama. Ante esta increíble suma de situaciones, hay que agregar una nueva: en las elecciones de 2000 y de 2004, el voto decisivo lo dieron las mujeres de más de 40 años, grupo que hoy apoya en una inmensa mayoría al aspirante republicano porque la posibilidad que antes existía en la fórmula demócrata de tener una mujer con opción presidencial (Hillary Clinton), fue desechada y ahora es clara del lado Republicano con la gobernadora Sarah Palin; una mujer a la que el mismo partido Demócrata se encargó de poner en primera plana. La curiosidad generada por las constantes críticas a su nombramiento, lograron que 37,2 millones de personas vieran por televisión su discurso en la Convención; 13,2 millones más de los que vieron al candidato a vicepresidente demócrata Joe Biden y apenas 1 millón menos de los que vieron a Obama.
La fórmula McCain-Palin tiene su foco definido en los nichos de mayor afluencia votante, incluso dentro del partido contrario. En unas semanas ha bajado de 72 a 63% el grupo de demócratas "más conservadores" que han dejado de apoyar a Obama, y de otro lado ha aumentado quienes creen que McCain lo haría mejor como comandante en jefe, 80, contra 53% de Obama.
Mientras el demócrata se presenta como el redentor, el republicano ha construido su campaña sobre una base que los norteamericanos respetan: liderazgo. Esa es la diferencia, ahí está la clave del triunfo.
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