Cintillo de indicadores económicos Colombia

Pico y Placa Medellín

viernes

7 y 9 

7 y 9

Pico y Placa Medellín

jueves

3 y 6 

3 y 6

Pico y Placa Medellín

miercoles

0 y 2 

0 y 2

Pico y Placa Medellín

martes

1 y 4  

1 y 4

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

5 y 8  

5 y 8

¿Para qué el poder?

27 de septiembre de 2011
bookmark

Nada más apasionante que la política. Está a la altura de cualquier pasión conocida. El fútbol, los videojuegos, la música o cualquier otra forma de perder el tiempo son comparables al placer que produce gobernar a los demás. Es como una enfermedad.

El afán de poder puede con todo. Quienes han decidido correr el riesgo de ser candidatos a cargos públicos hacen lo que sea por un votico. Son capaces de visitar un departamento de 125 municipios con sus corregimientos en menos de una semana, en chiva y con la misma muda de ropa. Consiguen miles de seguidores de Twitter oriundos de Japón, Australia, Suiza, Italia y Reino Unido. Cómo los envidio. Pero no se puede juzgar; seguramente todos vendrán desde sus países a votar en Medellín. Es normal.

El amor por los lugares de privilegio es suficiente para hacer campañas en bicicleta, cuando los candidatos en sano juicio no van ni a la ciclovía. Van a lugares históricamente olvidados con los mismos ofrecimientos y a jugar con las mismas esperanzas de la gente. Este país sería el paraíso si se hubieran cumplido la mitad de las promesas.

Seamos realistas: no he visto el primer diputado empujando un carro varado en la oriental, comiendo mango biche en el parque de Aranjuez o cogiendo Circular Coonatra, excepto en campaña. Si algo he comprobado, en lo poco que llevo con conciencia política, es que no es cierto que los políticos sean como el común de los ciudadanos. Son ingenuos los candidatos que creen que votamos basados en la foto sin arrugas ni ojeras del volante. Son ingenuos los medios politizados que pretenden imponer sus intereses sobre la razón y la conciencia de los ciudadanos.

Por fortuna hay un remedio para la enfermedad de poder que nada tiene que ver con los políticos: la conciencia. Dicen que cada pueblo tiene a los gobernantes que se merece aunque cada vez que tiene la oportunidad termina eligiendo las mismas farsas. Grandes problemas como la corrupción, la ineficiencia, la negligencia, los gastos onerosos y todos los demás males de la burocracia, se pudieron haber evitado si los ciudadanos no regalan, venden o empeñan el voto. Si me preguntan, claro que hay gente capacitada para gobernar. Basta con ver la hoja de vida de los candidatos. Si tiene tradición política, seguramente no será un buen gobernante.

La razón es sencilla: el poder es para poder. Poder imponer sus intereses, poder pagar deudas burocráticas, poder acceder a comisiones y poder entorpecer el desarrollo de las comunidades; ese sí que es un buen negocio. Garantizar que los problemas no se resuelvan es asegurar una curul. Si va a votar, vote bien. Lo dijo Charles de Gaulle, presidente de Francia (1890-1970) "La política es un asunto demasiado serio para dejarlo en manos de los políticos".

Te puede interesar

Las más leídas

Te recomendamos

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD