El Premio Nobel de Literatura es el más importante que se concede en el mundo a la obra de un escritor vivo. En su época, no lo recibieron algunos de los más grandes autores del siglo XX. Hablo de León Tolstoi, Anton Chejov, Franz Kafka, Marcel Proust, James Joyce, Robert Musil, Jorge Luis Borges. Sin embargo, es un reconocimiento que destaca la obra de escritores fundamentales de nuestro tiempo. Por eso, como lector, uno celebra con alegría cuando lo recibe alguien tan cercano a nuestra historia y a nuestra lengua como Mario Vargas Llosa.
El escritor peruano no solo es el autor de grandes novelas como " La ciudad y los perros", "Conversación en La Catedral " y " La guerra del fin del mundo ". También ha escrito ensayos que hoy son textos clásicos como " La orgía perpetua", "La tentación de lo imposible ", " Historia de un deicidio " y " El viaje a la ficción ", con los cuales ha arrojado nuevas luces sobre la obra de novelistas como Gustave Flaubert, Víctor Hugo, Gabriel García Márquez y Juan Carlos Onetti. A lo largo de su vida, Vargas Llosa ha publicado 17 novelas, un libro de cuentos, 18 libros de ensayo y varias obras de teatro. En el periodismo, el otro oficio que abrazó desde los 16 años, ha escrito incontables crónicas y reportajes.
En su bello discurso al recibir el Premio Nobel, el escritor hizo un elogio de la lectura y la ficción y dijo que la cosa más importante que le ha pasado en la vida fue aprender a leer a los cinco años en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de La Salle, en Cochabamba, Bolivia: "Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio y permitiéndome viajar con el capitán Nemo veinte mil leguas de viaje submarino, luchar junto a d'Artagnan, Athos, Portos y Aramís contra las intrigas que amenazan a la Reina en los tiempos del sinuoso Richelieu, o arrastrarme por las entrañas de París, convertido en Jean Valjean, con el cuerpo inerte de Marius a cuestas".
Vargas Llosa dijo que la lectura le permitió convertir el sueño en vida y la vida en sueño y puso al alcance del pedacito de hombre que era el universo de la literatura.
Después de recordar a su madre, que solía llorar leyendo los poemas de Amado Nervo y de Pablo Neruda, dijo que toda su vida ha tenido a su lado gentes como ella que lo querían y lo alentaban a leer y escribir. "Gracias a ellos y, sin duda, también, a mi terquedad y algo de suerte, he podido dedicar buena parte de mi tiempo a esta pasión, vicio y maravilla que es escribir, crear una vida paralela donde refugiarnos contra la adversidad, que vuelve natural lo extraordinario y extraordinario lo natural, disipa el caos, embellece lo feo, eterniza el instante y torna la muerte un espectáculo pasajero".
Vargas Llosa recordó cómo uno de los momentos más difíciles de su vida el día en que su madre le reveló en Piura que su padre no estaba muerto y que ese mismo día se iban a vivir con él a Lima. "Perdí la inocencia y descubrí la soledad, la autoridad, la vida adulta y el miedo. Mi salvación fue leer, leer los buenos libros, refugiarme en esos mundos donde vivir era exaltante, intenso, una aventura tras otra, donde podía sentirme libre y volvía a ser feliz. Y fue escribir, a escondidas, como quien se entrega a un vicio inconfesable, a una pasión prohibida. La literatura dejó de ser un juego. Se volvió una manera de resistir la adversidad, de protestar, de rebelarme, de escapar a lo intolerable, mi razón de vivir".
El escritor sostuvo que, sin los buenos libros que leímos, seríamos peores de lo que somos, más conformistas, menos inquietos e insumisos. "Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible y del infierno en que se convierte cuando es conculcada por un tirano, una ideología o una religión". Según él, la ficción es más que un entretenimiento, más que un ejercicio intelectual, es una necesidad imprescindible para que la civilización siga existiendo, renovándose y conservando en nosotros lo mejor de lo humano. Por eso, a pesar de ser una representación falaz de la vida, sin embargo, nos ayuda a entenderla mejor, a orientarnos por el laberinto en el que nacimos, transcurrimos y morimos.
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