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HISTÓRICO
Tragedia en el delta del río Patía
  • Tragedia en el delta del río Patía | Cortesía Juan Darío Restrepo | Manglar devastado por un ataque de una plaga. Una de las consecuencias de la modificación severa del ecosistema por la mano del hombre.
    Tragedia en el delta del río Patía | Cortesía Juan Darío Restrepo | Manglar devastado por un ataque de una plaga. Una de las consecuencias de la modificación severa del ecosistema por la mano del hombre.
Ramiro Velásquez Gómez | Publicado el 11 de noviembre de 2010

En un rincón olvidado en el Pacífico, en un ecosistema especial se libra una batalla por la supervivencia. El caso Patianga. El delta del río Patía.

Ese agreste, pero rico lugar, interesante frente al cambio climático, ha sufrido una devastación por una desviación que ha provocado problemas ambientales que llegan, literalmente, hasta la estratégica isla Gorgona.

Juan Darío Restrepo Ángel, científico e investigador de Eafit, ha trabajado desde 1994 los deltas sobre ese litoral.

Forman extensas superficies, zonas de alta productividad por las aguas estuarinas. Están los del Mira, el San Juan y el Patía. En un pasado, al frente se colocaron grandes flotas extranjeras para aprovechar el camarón, que exterminaron con sus redes de arrastre. Hoy, se olfatea petróleo.

No es ese el problema central hoy. Que se formen deltas en ese litoral, con ríos de 100 o 300, 400 kilómetros, es un suceso. Al formarse esas superficies planas, llegan los manglares y detrás toda una variedad de vida.

En los 90, con el BID y Colciencias se estudió el delta del San Juan; siguió el Mira, con la Dimar y Colciencias. Hoy avanza el estudio del Patía, en donde la problemática es seria y amenaza el Parque Nacional Natural Sanquianga, el mayor de manglares en Colombia, con 80.000 hectáreas, la reserva ecológica más grande del occidente de Suramérica, un sistema estratégico frente al cambio climático y los tratados de sumideros de dióxido de Carbono (CO2 ).

De esto podría quedar poco. De hecho, se ha perdido mucho.

En los años 70, un maderero desvió el Patía para conectarlo con el Sanquianga por un canal de dos kilómetros y sacar la madera con más facilidad. Lo que era un paso pequeño, con los años se amplió. De 1,5 metros, durante una creciente por La Niña pasó a 10 y hoy es un canal de ¡700 metros!

El capitán de corbeta Germán Alberto Rojas, lo cuenta así: "A mediados de 1973, la sociedad Maderas El Naranjo, representada en ese entonces por el señor Enrique Naranjo, construyó un canal de aproximadamente un metro de ancho, un metro de profundidad y dos kilómetros de largo, que dejó comunicado el río Patía Viejo con la quebrada La Turbia, afluente del río Sanquianga, con el objeto de facilitar el transporte de madera. Dicho canal se ha denominado Canal Naranjo. En el momento de su construcción no se tuvo en cuenta que el cauce del río Patía se encontraba a una mayor altura sobre el nivel del mar; en consecuencia las aguas del río Patía Viejo se empezaron a verter a través del Canal Naranjo sobre el río Sanquianga. Lo que en un comienzo fue un canal de apenas un metro de ancho, es hoy todo un río de fabricación humana."

El Patianga, como le llaman ahora. Y al salir el agua por el Sanquianga, el antiguo y natural curso permanece seco 7 meses del año.

El lóbulo norte del delta comenzó a ampliarse y mandar sus sedimentos hacia el Parque, en donde viven unas 8.000 personas, lo que promete de por sí un conflicto si de regular se tratase.

"Es como una ciénaga grande de Santa Marta, donde se produjo una gran migración, unas 5.000 personas, por los problemas creados en la zona. Similar ocurre en Sanquianga y no se ha hecho nada", dijo Restrepo Ángel.

El 14 de diciembre de 1995, la Corte Constitucional, mediante sentencia de tutela T621, ordenó a Corponariño y el Ministerio del Medio Ambiente dar "una solución definitiva al problema generado por la construcción del Canal Naranjo".

El manglar ha aguantado, aunque desde hace 15 años se nota un aumento exponencial de los problemas derivados de la desviación:

Cae más sedimento. El 60 por ciento de la madera consumida en Colombia entre los 60 y 80 se extrajo de allí. Era apetecida porque antes del manglar se sitúa el guandal, bosque en zona de agua dulce e inundación, especies demandadas por sus taninos, resistencia al agua y porte de árboles con 3 a 4 metros de diámetro.

En los 70, el Inderena concedió licencias de explotación forestal, que seguía en los 90. Fue la feria de la motosierra. Llegaban ofreciéndolas a cambio de que les suministraran la madera. Se aniquiló la selva.

No es una mentira. Bocas de Satinga -Olaya Herrera- en todo el delta, era una población maderera. En los 80 había 45 aserríos, ahora 2.

Sin madera ni pesca por la red camaronera, el puesto de estas actividades lo ocupó la coca, base de la economía actual.

"Se perdieron fincas de muchos años dedicadas a la agricultura y la ganadería, por las inundaciones del río tan ancho". Esto aumenta la erosión y todo va al Sanquianga. La línea de costa ha retrocedido hasta 2 kilómetros en 30 años

La sedimentación por la deforestación creció de 13 millones de toneladas año a 27 millones. El sedimento llega hasta Gorgona y amenaza sus corales.

Mientras tanto, el manglar sufre cáncer y defoliación por un gusano. Unos ataques que no se veían antes de la desviación. Al parque entra menos agua salada y cae más dulce, lo que modificó las condiciones ambientales.

Un ecosistema único en el delta más grande de la costa pacífica sudamericana, resquebrajado y casi sin defensas. Una catástrofe con paso firme.