Ha sido una campaña presidencial mala, lenta y aburridora. Como una carrera de caballos en la que los caballos no quieren correr.
Por una parte esto se debe a que todos los candidatos se han obsesionado con un tema de campaña: diálogos de paz o guerra, mientras que el país es mucho más que eso, sobre todo lo que pase después de conseguida esa paz.
Por otra parte, se debe a unos malos candidatos. Hay que decirlo claramente, el presidente Juan Manuel Santos es mucho mejor mandatario de lo que es candidato. Y no ha sido el mejor presidente.
Lo mismo pasa con Óscar Iván Zuluaga que no ha podido mostrar una gota de carisma en su campaña. Por su parte, el eterno candidato Enrique Peñalosa sigue siendo el eterno candidato porque nunca ha podido concretar su excelente alcaldía en otro cargo.
Y ni hablar de Marta Lucía Ramírez o Clara López, que nadie sabe qué es lo que están haciendo. Sus campañas han sido débiles y mal enfocadas.
Esta mezcla ha hecho que la campaña sea como una mala película en la que toca quedarse en el cine para ver el final, en el que todo el mundo sabe qué va a pasar.
Y aunque existen posibilidades que en esa última etapa de la historia pueda pasar una sorpresa, que es poco probable, todos los espectadores miran el reloj para que ese resultado llegue rápido y todos se puedan ir a casa. A juzgar por la actitud de los candidatos, ellos también están mirando el reloj para que esto acabe pronto.
La campaña ha mostrado un Presidente en medio de frecuentes ataques de inseguridad. El categórico ministro de Hacienda del gobierno de Andrés Pastrana, o el audaz ministro de Defensa de Álvaro Uribe, se ha mostrado ahora como un candidato débil, viejo, poco arriesgado, y sin la fuerza suficiente para dirigir los importantes retos que tiene el país. Aterrador, porque como Presidente activo su trabajo ha sido mejor de lo que ha podido demostrar en campaña.
Posiblemente por eso ha tomado la decisión de renunciar a los debates presidenciales al igual que Peñalosa. Esto solo demuestra el miedo que tienen los candidatos a una arena importante en la democracia y lo inseguros que se sienten de ser candidatos.
Peñalosa ha argumentado que lo hace por mantener la imparcialidad, pues ha recibido demasiadas invitaciones y no puede aceptarlas todas. Por su parte, el presidente ha dicho que no puede asistir a todos los debates porque tiene que seguir ejerciendo sus funciones como presidente. Carreta.
La verdad es que a estos candidatos los debates los pueden hacer perder más de lo que pueden ganar, por eso quieren hacerle el quite a esta herramienta lastimando la esencia de una campaña presidencial. Los debates son, entre otras, una herramienta para mostrar el carácter de los opcionados y para que ellos cuenten por qué quieren ser presidentes y cómo lo van a hacer.
Es inaceptable que el país vaya a escoger al próximo presidente, que seguramente va a ser el mismo, sin saber qué ideas plantea y cómo las defiende frente a sus contrincantes. Se escogerá un candidato sin ideas. O sin saber cómo defiende esas ideas. Todo por un sistema de reelección que hace que las opciones de ganar sean tan altas para el presidente candidato, que este puede violentar el proceso, incluso diciendo que no se presenta a los debates. Una lastima señor Presidente.
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