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Una Huella en el Aconcagua

27 de diciembre de 2008
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Ha pensado cómo sería subir los 12 pisos de la Gobernación de Antioquia con una sola pierna y apoyándose en una muleta?

Si le parece difícil, imagine ascender 6.959 metros a temperaturas que oscilan entre los 9 oC y -10 oC, con una sola pierna y con ayuda de una prótesis cuyo roce puede causarle -en el menos grave de los casos- una gran ampolla que lo inmovilizaría unos cuantos días.

Pues esa es la meta de la Expedición Huella 2009, integrada por 10 personas que, a partir del 10 de enero, comenzarán su ascenso al Aconcagua, en Argentina.

Quieren rendir un homenaje a los militares heridos y muertos en combate, además de demostrar que la vida no se acaba a pesar de la gravedad de los problemas.

Y ellos saben de lo que están hablando, porque cuatro de los militares perdieron una pierna en acciones de la guerrilla: el coronel Gabriel Cardona, el cabo Jesús Loaiza, y los soldados profesionales Bernardo Prieto y Édgar Cardona.

A ellos se suma el escalador profesional Nelson Cardona, quien perdió una pierna luego de un accidente en el parque de los Nevados en 2007. Su meta: convertirse en 2010 en el primer hombre amputado en llegar a la cima del Everest.

Para que su hazaña tenga eco, los acompañan otros cinco amantes de la montaña y buenos amigos : los publicistas Alejandro Bernal y Libardo Arango; el médico Santiago Hernández; la directora de logística, Nubia Bernal y el camarógrafo Luis Carlos Rosero.

El director de orquesta
Aunque suene a frase de cajón, al coronel Cardona la vida le cambió el 15 de diciembre de 2000, en Arauca. Un ataque de la guerrilla le arrebató una pierna, su matrimonio y lo llenó de rabia. Sin embargo, no le quitó un rezago de fortaleza que lo hizo levantarse de nuevo.

En 2003 creó la liga deportiva de militares con discapacidad, cuyos miembros compiten en 10 disciplinas. Sus muchachos -algunos de los cuales participaron en los Juegos Paralímpicos en Pekín- viven a punta de retos deportivos y personales.

El oficial tuvo su propio reto cuando compitió en la maratón de Nueva York de 2003, un certamen deportivo en el que no habría pensando en participar cuando tenía sus dos piernas. De ahí que, en medio de la competencia miró para los lados se preguntó: "¿qué estoy haciendo aquí?".

A él y a sus muchachos no hay sino que "tocarles el orgullito" para que se impongan metas más altas. Por eso, el cerro Ritacuba Blanco, en el parque nacional del Cocuy (5.380 metros) les quedó chiquito y decidieron buscar el monte más alto de América, el Aconcagua.

Un cachete de quinceañera
Para no quedarse en el camino entrenan seis horas al día. Van al gimnasio, caminan, levantan pesas. Hacen todo lo que les permita ganar fortaleza en las piernas.

"Cuando usted camina o sube una montaña hace fuerza en sus piernas. Para nosotros el esfuerzo es doble porque apenas tenemos una pierna y el resto de la fuerza la hacemos con el muñón y la prótesis", cuenta el coronel Cardona.

Esa presión puede generar heridas por el roce entre el muñón y la prótesis. Para el oficial, el entrenamiento les garantiza que "aunque el muñón sea tan suave como cachete de quinceañera" sea tan resistente como si estuviera lleno de callos.

Sin embargo, el médico Santiago Hernández, sabe que una lesión de este tipo podría costarle la salida a quien la sufra. El otro peligro lo constituyen los edemas (acumulación de agua) pulmonares y cerebrales. Por algo al Aconcagua la llaman "la montaña de los edemas".

Era él o él
Hernández llegó a Huella con su amigo Nelson Cardona, a quien conoció cuando era estudiante universitario y se fue a escalar en el parque de Los Nevados.

La amistad se fortaleció cuando Nelson sufrió un accidente en el que, al descolgarse una cuerda, sufrió múltiples fracturas. Entre ellas, una en la pierna que lo obligó a decidir entre seguir con ella y abandonar su pasión por las montañas o amputarla y volver a escalar.

"Él me contó el proyecto y me dijo que necesitaban a un médico que fuera montañista", cuenta Santiago. Ese requisito, dice en broma, lo cumplen -si mucho- tres personas en el país y una era él.

Al igual que a los muchachos del coronel, no tienen que rogarle mucho para escalar. Pero en su caso el reto es doble: concretar el ascenso y garantizar la salud de los cinco montañistas discapacitados.

Sus compañeros de equipo le ofrecieron quedarse en el campamento base junto con los encargados de logística, pero se negó. "No nos podemos dar el lujo de tener una persona enferma a dos días de distancia".

El respaldo llegó
Movilizar a 10 personas requiere una gran logística y más cuando se trata de personas con discapacidad. Los costos serán altos, unos $300 millones mal contados.

El año pasado hicieron el intento pero se presentaron muchos tropiezos y decidieron postergarlo.

Pulieron los presupuestos y este año, consiguieron el patrocino del Éxito, Familia y Telefónica Telecom. Avianca les va a ayudar con los pasajes. Además, una empresa que fabrica prótesis les donó unas especiales para que les faciliten el ascenso.

La ropa para escalar es otro gasto, pero lo más complicado, cuenta el coronel Cardona sin dejar de reírse, es ponérsela. "Se imagina cinco muñequitos en bola acomodándose las prótesis y la ropa".

Serán 12 días de ascenso y 10 para salir. Algunos de sus compañeros seguirán la travesía a través de Internet. En ese lapso, el coronel Cardona, tendrá tiempo para preguntarse como lo hizo en Nueva York: "¿qué estoy haciendo aquí?". La respuesta será la misma: demostrando que a pesar de los problemas, la vida sigue... y para mejorar.

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