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Urabá no se puede descarrilar

El deterioro de la economía de Urabá por efectos de la sobreproducción de banano, los menores precios de la fruta y la revaluación del peso, amenaza la estabilidad laboral en la región, ya de por sí en riesgo ante la creciente presencia de bandas criminales asociadas con la guerrilla y los narcotraficantes. Es hora de que el Gobierno actúe para salvaguardar lo que allí se ha avanzado.

04 de agosto de 2011
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No es por "sembrar cizaña", como parece que el Presidente Juan Manuel Santos califica cualquier crítica a su gestión, pero la situación de Urabá es de tal gravedad, que el actual Gobierno no puede seguir pensando que con sólo ir a la zona a entregar unos títulos de propiedad de tierras resuelve la crisis económica y social que atraviesa una de las regiones más estratégicas de Colombia.

No, Señor Presidente. Está demostrado, y con más sinsabores que alegrías, que lo bueno o lo malo que le pase a Urabá se verá reflejado en Antioquia y, por ende, en el resto del país. Todos los logros obtenidos en los últimos años en materia de seguridad, estabilidad laboral y crecimiento económico han costado "sudor y lágrimas", una frase que tanto le gusta a Usted, pero están en inminente peligro de perderse. Es urgente actuar.

Factores externos como la revaluación del peso, la sobreproducción mundial de banano y los efectos del cambio climático, que mientras en unas zonas lo inunda todo, en otras lo seca, afectan la monoeconomía de Urabá y la hacen más vulnerable que aquellas donde la diversidad de cultivos está más desarrollada.

Urabá ha dejado de percibir ingresos por cerca de 40 mil millones de pesos este año por causa de la revaluación y ha desbacotado, es decir picado, cerca de 600 mil cajas del fruto por razones de sobreoferta y muy bajos precios en los mercados mundiales. Sin contar las millonarias inversiones que han tenido que hacer los bananeros en drenaje y fertilización para recuperar los terrenos afectados por el duro y prolongado invierno.

De ahí, la urgente y oportuna petición hecha por los gremios al Presidente en su visita a Urabá para que el Gobierno estudie incentivos y beneficios económicos, tal como se hace con otros sectores productivos, antes de que se agrave el panorama laboral, se tengan que cerrar fincas y despedir trabajadores, y los grupos armados ilegales pesquen en río revuelto. Este es un momento crucial para el futuro de la región de Urabá.

Lo que no parece coherente con esa situación es que mientras se habla de la importancia de proyectos como Autopistas de la Montaña e Hidroituango, que la tienen, el norte de Urabá siga incomunicado desde el año pasado, cuando el invierno provocó la caída del puente de Mulatos y hasta ahora no se haya hecho nada por restablecer el tránsito por tan importante carretera.

La restitución de tierras es importante, pero cualquier avance en esa materia podría perderse si se desconoce el difícil panorama de seguridad que vive la región. La creciente presencia de las bandas criminales y la histórica actividad de la guerrilla, ahora unidas alrededor de la producción y el comercio de drogas, obligan a poner en marcha un programa integral que combine lo militar con lo social.

Así las cosas, es vital que no se "descarrilen las buenas relaciones con los vecinos", pero más fundamental es que no se descarrilen con los propios colombianos, incluidos los de Urabá. Y eso no es sembrar cizaña, Señor Presidente.

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