El fin de semana, pasado por agua, y la caída de derrumbes en varias carreteras clave del departamento, e incluso del país, constituyen una advertencia y un augurio poco alentadores sobre los efectos de la nueva temporada invernal en Colombia.
Hubo cierres, deslaves, algunas emergencias menores y también evacuaciones. Lo que viene en materia de aguaceros e inundaciones nos llena de preocupación.
¿Seremos capaces de mantener a raya caudales de ríos y quebradas? ¿Se reforzaron debidamente taludes, canales y diques?
Nos preocupa sobremanera lo que pueda pasar con las vías y los pueblos ribereños. También con estructuras y caseríos en zonas de montaña.
Ojalá no tengamos que, literalmente, llover sobre mojado y ver este país inundado.
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