El mejor piloto de motos no es el que corre más ni el que se pasea a sus anchas entre buses y tractomulas o el que coge las curvas tocando el piso con las rodillas, sino aquel que conduce con prudencia, a velocidad moderada y respetando las normas.
Eso lo tiene claro Wilson Uribe Mesa, quien maneja este vehículo desde hace veinte años y en todo ese tiempo no ha pagado el primer comparendo.
Es más, este padre de familia afirma que en esas dos décadas tampoco ha sufrido el primer accidente de mediana gravedad y que su secreto es tan sencillo que lo resume en una palabra: prudencia.
"Antes de coger una moto hay que aprender a manejar, mucha gente arranca y un tramitador les saca el pase y por eso vienen los accidentes", comenta Wilson, que acaba de ser premiado como el motociclista del mes entre 1.200 postulados que, como él, también respetan las normas de tránsito y conducen con cuidado este vehículo.
Residente en el barrio López de Mesa, dice sentirse orgulloso de que la Secretaría de Tránsito le haya reconocido la forma tan idónea como ha conducido moto, pues no es secreto que los motociclistas suelen ser los conductores que más reciben comparendos y quienes registran los más altos niveles de fatalidad por accidentes después de los peatones.
Y no es que Wilson la mantenga guardada. Al contrario, trabaja yendo todos los días de Medellín a Támesis, un viaje de ida y regreso que sumado en tiempo son más o menos ocho horas. En kilometraje son algo más de 200, que él hace con paciencia y sin afanes para evitarse tragedias y contratiempos.
A la defensiva
Con él se rompen todos los conceptos negativos que hay para esta categoría de conductores, pues si se considera que el promedio semanal de motociclistas multados por agente de Tránsito en 2009 fue de 3.040, en un año la cifra se eleva a 158.080 sancionados, que multiplicada por veinte años daría más de 3 millones de informes.
Claro, la cifra es extrema porque años atrás en Medellín había menos motos, las congestiones eran menores, la accidentalidad no era tan alta y a lo mejor las imprudencias no se pagaban tan caras como ahora, cuando en las vías hay muchos más vehículos compitiendo por el espacio.
Otra clave de este motociclista ejemplar es el manejo a la defensiva: "así uno lleve la vía, los demás no respetan, uno no debe andar a más de 60 y nunca tomado".
Es decir, aconseja que si va de afán es mejor que no se vaya en moto y si la intención es beber, es preferible pagar taxi antes que arriesgar la vida.
A sus 36 años, su cuerpo no registra ni una cicatriz por accidente y por eso es el principal consejero de su hija de 15 años, que ya le está pidiendo moto: "le digo que le dejo sacar pase si primero se mete a una escuela de conducción y aprende las normas. Manejar moto no es sólo arrancar, lo duro está en la carretera".
Esa claridad es la que le permite exhibir con orgullo su premio, que más que detalles materiales, como cascos y aceite para su vehículo, es un reconocimiento que le eleva la moral para seguir siendo un ejemplo, el as del volante en los últimos veinte años.
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8