Ante la ausencia de bancos, un comerciante antioqueño ideó un sistema de remesas para llevar dinero a su pueblo y evitar que la guerrilla se lo robara en los retenes. Sin embargo, esa solución terminó convirtiéndose en uno de los errores judiciales más icónicos del conflicto armado: a los ojos de la justicia, pasó a ser considerado cómplice de las Farc y fue condenado a 23 años de prisión. Purgó doce años y cuatro meses tras las rejas —pintando cuadros 24 veces el rostros de Jesús—, mientras su esposa Mariela recorría cárceles del país buscando la verdad de los exguerrilleros. Acaba de ser declarado inocente.
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