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Los menores de edad habían sido enviados a hogares de paso mientras sus progenitores esperan una solución a su situación, ahora no aparecen en ningún lugar.
Antonieta* es una salvadoreña que retornó a la colonia Mexicanos, en El Salvador, como se fue: con un saco azul y una falda de flores blancas. En su regreso, deportada de EE. UU., llegó sin dos pertenencias con las que salió a buscar un futuro mejor: los zapatos rojos y su hijo, un niño de 13 años que, al llegar a la frontera, fue arrebatado por autoridades norteamericanas.
Ocurrió hace dos meses. Al tratar de entrar a ese país sin un documento que los acreditara como ciudadanos, fueron detenidos. Ella fue enviada a prisión mientras definían su deportación, y él, su pequeño Jaime –como lo llama–, enviado a un hogar de paso que ahora no saben dónde está.
“Ellos no me dicen que pasó con mi hijo. No se dónde buscarlo ni qué hacer. Allá no puedo volver. Él tenía que ir a una audiencia y no se presentó, además no se sabe dónde está porque ni siquiera acá ha llegado”, dijo Antonieta.
El “pequeño Jaime” se le perdió al país estadounidense, como se le han perdido 1.475 niños que fueron separados...