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El botón nuclear está cerca, ¿lo oprimirán?

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Por Juliana Gil gutiérrez | Publicado el 18 de marzo de 2019
Infografía
El botón nuclear está cerca, ¿lo oprimirán?
en definitiva

Las armas nucleares volvieron a ser uno de los temas centrales de las relaciones internacionales y son una estrategia de los países para mostrar su poder ante las demás naciones.

Alguna vez Kim Jong Un, líder supremo de Corea del Norte, dijo que el botón nuclear estaba sobre su escritorio y no dudaría en presionarlo. Corría enero de 2018 y ese fue su saludo de comienzo de año: una amenaza para iniciar una guerra nuclear en un momento de tensión con los Estados Unidos de Donald Trump. Este, sin vacilar, le respondió que el suyo era más “grande y poderoso”.

Seis meses después, los dos mandatarios se encontraron en su primera cumbre, en junio de ese año. Así comenzó una relación entre la amistad y el temor, hasta hace dos semanas, cuando el republicano se despidió de América criticando el socialismo de Venezuela para viajar a Vietnam –un país comunista– a encontrarse de nuevo con Kim, un líder comunista, en una cumbre de la que regresó con las manos vacías.

Trump pedía que Norcorea desmantelara por completo su arsenal nuclear, pero no dio lo que ellos querían: retirar todas las sanciones económicas en su contra. Después del fracaso de la cumbre, el pasado 6 de marzo, se conocieron imágenes satelitales de la reconstrucción de la instalación de lanzamiento de satélites Tongchang-ri, que fueron divulgadas por el proyecto Beyond Parallel del Centro de Estudios Estratégicos y el portal 38 North. Esa era la confirmación de que el país regresaba a su aventura nuclear.

No es un capítulo único entre Norcorea y EE.UU. Este último se retiró –a comienzos de febrero– del tratado INF que había firmado el expresidente Ronald Reagan con quien en 1987 representaba la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov, secretario general del partido comunista, y que buscaba regular el armamento nuclear.

En las últimas semanas el temor se agravó con los enfrentamientos que comenzaron el 15 de febrero entre India y Pakistán. Además, al otro lado de la frontera de eurasia, en el Mar Negro, Rusia, otro país con potencial nuclear, mantiene presos a 24 marineros ucranianos que fueron interceptados cuando supuestamente violaron sus aguas territoriales, en noviembre.

El debate nuclear está de vuelta en un contexto en que el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri, por sus siglas en inglés) cuenta que hay más de 14 mil ojivas –cuerpo del proyectil que se dispara, impacta y explota– de carácter nuclear.

El regreso de las ojivas

“Las armas nucleares volvieron al primer plano de la política internacional debido al incremento de los conflictos entre Estados que tienen pontencial nuclear y el control bilateral de armas”, aseguró la Sipri en su informe La prominencia renovada de las armas nucleares y el abolicionismo nuclear de septiembre de 2018. A renglón seguido, indica que hay dos tipos de países: aquellos que tienen armas nucleares y están convencidos de que son esenciales para disuadir a otros de adquirir y utilizar un arsenal nuclear, y para los que este material pone en riesgo al mundo.

Los primeros son, justamente, las potencias: Rusia (6.850 ojivas), EE.UU. (6.450), Francia (300), Reino Unido (215) y China, un actor que llegó a la batalla hasta conseguir 280 ojivas de este tipo. Como lo reseñó la Sipri, “Reino Unido y Francia comparten la opinión de EE.UU. de que cualquier intento de prohibirlas es prematuro”. Estos, junto a Rusia, creen que su posesión del arsenal contribuye a la estabilidad nuclear, tal como lo reseñó el escritor Jonathan Schell.

No es una vaga idea de Schell, quien se dedicó a realizar campañas contra este material bélico. Se trata de la Teoría de la Paz Nuclear.

“Lo que permiten es mantener un equilibrio y evitar la escalada del conflicto porque nadie quiere que se desate una guerra nuclear. Sirvieron durante toda la Guerra Fría y siguen ayudando a disuadir a los enemigos. Han permitido el equilibrio y la paz, más que la guerra”, indica Cristian Rojas, director del programa de Ciencias Políticas de la Universidad de La Sabana.

Las armas nucleares están desde la Segunda Guerra Mundial y el planeta conoció sus consecuencias cuando el expresidente de EE.UU., Harry S. Truman, ordenó lanzar su bomba atómica Little Boy sobre Hiroshima y –no contento con la devastación– disparó Fat Man hacia Nagasaki, en su lucha para triunfar sobre el Imperio de Japón. Lo consiguió y el fin de la guerra llegó a costa de las 240 mil personas que fallecieron por estos dos artefactos. Ese es el resultado de estos misiles.

Y si como lo indica Rojas, desde la Guerra Fría han demostrado el efecto práctico de evitar una escalada, ¿por qué Trump, Vladimir Putin o Kim Jong Un patalean sobre encontrar un acuerdo nuclear?

El derecho a estar armado

Este arsenal envía dos señales. La primera, el poderío militar que asumen los países considerados grandes potencias; el segundo, en manos de países que no tienen esas calidades, su posesión es considerada como un elemento estratégico y táctico frente a una amenaza de un enemigo real o presunto, así lo explica Luis Ángel Madrid, doctor en Derecho y profesor de la Universidad Sergio Arboleda.

Unos países cuentan con el permiso político y legal de tenerlas. Otros, no.

Todos los integrantes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que cuentan con derecho de veto tienen armas nucleares (EE.UU., Reino Unido, Francia, Rusia y China), estos han firmado tratados como el INF –del que se salieron Trump y Corea del Norte– o el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (Start, por sus siglas en inglés) que ha tenido tres versiones y cuyo último acuerdo fue firmado por Dmitri Medvédev (por el lado de Rusia) y Barack Obama, expresidente de EE.UU., en abril de 2010. Un documento que expira en 2021 y cuya renegociación, hasta ahora, no está en la agenda.

En la otra facción, Corea del Norte, India, Israel y Pakistán que “tienen las armas como una señal hacia sus eventuales enemigos de que están dispuestos a utilizarlas en caso de un ataque”, según lo explica el profesor Madrid. De estos, Israel es un caso que preocupa a Medio Oriente debido a que no ha aceptado su capacidad nuclear. Además, desde la década del 70 los estados árabes e Irán pidieron a la Asamblea General de las Naciones Unidas el establecimiento de una zona libre de armas nucleares en la región, según lo reseñó la Sipri en su informe La falta del desarme en Oriente Medio, de enero de 2019.

Pero Israel usa el mismo argumento que EE.UU., Francia y Reino Unido: para el país que comenzó su independencia apenas en 1948, tras la partición de Palestina, prescindir de ellas es una cuestión prematura. “La lógica implícita detrás de estos argumentos es que necesita un elemento de disuasión nuclear para sentirse seguro en una región volátil. La Comisión de Energía Atómica de Israel afirmó en 2012 que el Estado de Israel no es un observador remoto e indiferente de las sombrías realidades de la región”, indicó la Sipri en este informe.

EE.UU., el punto común

Israel es, quizás, el principal aliado de EE.UU. en Medio Oriente, y entre los demás países con potencial nuclear, Francia y Reino Unido también son cercanos a los norteamericanos. Por su parte, China, Corea del Norte, Rusia y Pakistán están lejos de ser sus amigos natos. Y este, el segundo país con más ojivas nucleares, es el mismo que exige el desarme de los norcoreanos y una renegociación del tratado de armas con China y Rusia, dos Estados que amenazan con superar su poderío.

En esta batalla de occidente contra los asiáticos no se trata solo de las armas. En asuntos económicos y de influencia mundial, China suma cada vez más puntos y aumenta su protagonismo en regiones que antes fueron solo un terreno de EE.UU.: Latinoamérica. “Seguirá siendo un país de primer orden, pero ya no es hegemónico, estamos consolidando un escenario más multipolar de tres grandes polos y los temas nucleares están ahí”, indica Juan Carlos Herrera.

Aunque para los expertos estamos lejos de una guerra nuclear, la falta de control a este tipo de arsenal sostenida en el colapso de los tratados internacionales es un punto de reflexión. Consultado por The Guardian, el director del Instituto de Servicios de Defensa y Seguridad de Royal United Services, Malcolm Chalmers, aseguró que si el tratado INF se derrumba y con el vencimiento en 2021 del Start, “el mundo podría quedar sin límites en los arsenales nucleares de los estados que los tienen por primera vez desde 1972”.

Dos acuerdos que los EE.UU. de Trump parecen dejar a un lado, mientras suman advertencias a Corea del Norte o Rusia y retan a China: el nuevo gigante que no solo lo amenaza en las cuestiones económicas, sino también en su creciente poderío nuclear.

Contexto de la Noticia

ANTECEDENTES hiroshima y nagasaki

El fin de la Segunda Guerra Mundial estuvo marcado por las únicas bombas atómicas que se han utilizado contra la población, en agosto de 1945, en Japón. Sus consecuencias son, en el primer momento, una explosión que no solo convierte en cenizas el territorio impactado, sino que tiene la capacidad de destruir las zonas cercanas y, a largo plazo, deja radiación. Según reseñó el diario El País en agosto de 2015, los efectos de esta podrían sentirse hasta 2025 y estas bombas generaron enfermedades en las personas. Se estima que entre 105 mil y 120 mil individuos fallecieron y 130 mil resultaron heridos.

Juliana Gil Gutiérrez

Periodista internacional, amante de los perros y orgullosa egresada de la facultad de Comunicación Social - Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana.

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