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El yerno de Trump está en líos con dinero narco por una compra de US$125 millones en Albania

El hombre que en Albania le vendió tierras a Jared Kushner, esposo de Ivanka Trump, es investigado por narcotráfico, mientras crece la “revolución de los flamencos”.

  • Jared Kushner y su esposa Ivanka Trump, hija del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.
    Jared Kushner y su esposa Ivanka Trump, hija del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.
hace 1 hora
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Un nuevo escándalo golpea el mayor proyecto turístico de Jared Kushner —consejero superior de Donald Trump y esposo de Ivanka Trump— en Europa: la investigación por narcotráfico contra quien le vendió parte del terreno en la costa albanesa.

El hombre del cual adquirió Jared Kushner las tierras para uno de sus proyectos turísticos más ambiciosos en Europa está siendo investigado en Albania por presunto narcotráfico y lavado de activos, según documentos judiciales revisados por CBS News y un reportaje de The Wall Street Journal.

Se trata de Artur Shehu, empresario albanoestadounidense radicado en Miami, quien en abril vendió a una compañía vinculada al yerno del presidente Donald Trump un terreno en la localidad costera de Zvërnec, cerca de Vlorë, por cerca de 110 millones de euros (unos 125 millones de dólares). Dos meses después, la fiscalía especializada en crimen organizado y corrupción de Albania (SPAK) lo incluyó entre 20 personas que buscaba arrestar por, presuntamente, liderar una red que movía cocaína desde Suramérica hasta Europa a través de puertos holandeses, y que después lavaba las ganancias mediante inversiones inmobiliarias, entre ellas un rascacielos en Tirana y varias villas en la costa.

Según documentos con fecha del 10 de junio citados por CBS News, existen “indicios suficientes” de su participación en el tráfico de estupefacientes. Las autoridades también congelaron una cuenta bancaria vinculada a la venta del terreno con más de 147 millones de dólares, de acuerdo con el Proyecto de Reporte sobre Crimen Organizado y Corrupción (OCCRP). SPAK aclaró que la investigación “no involucra a ninguna compañía asociada al señor Kushner”, y no hay evidencia de que Kushner o su esposa, Ivanka Trump, conocieran las acusaciones contra Shehu. El abogado del empresario, Kujtim Cakrani, aseguró que su cliente nunca trató directamente con Kushner —solo a través de un intermediario— y que es “simplemente un terrateniente” ajeno a cualquier actividad ilícita.

La revelación se suma a una disputa de fondo que antecede al escándalo: residentes de Zvërnec sostienen desde hace más de una década que ese terreno les pertenece, no a Shehu. Alegan que sus familias lo cultivaban y pastoreaban ganado allí antes de que, tras la caída del comunismo en 1991, terminara en manos de Shehu en medio de un historial de títulos de propiedad superpuestos que persigue a buena parte de la costa albanesa. El vecino Kostaq Konomi contó a periodistas que, al enterarse de la venta a la empresa de Kushner, “estuve a punto de tomar un rifle y empezar a disparar”. Su abogado, Kostandin Beko, mantiene abiertos varios procesos judiciales contra Shehu y busca una orden que frene el desarrollo del complejo.

Ese terreno es apenas una pieza de un proyecto mucho más grande. El Gobierno albanés le otorgó a Kushner la condición de “inversionista estratégico”, lo que le permite construir alojamientos de lujo en una zona bajo protección ambiental que incluye la laguna de Narta —hábitat de flamencos— y la isla de Sazan, un antiguo puesto militar de la era comunista. Distintos medios han estimado el valor combinado de los desarrollos entre 1.400 y 4.000 millones de dólares. Las obras avanzan pese a que, en mayo, un video que mostraba a guardias de seguridad de uno de los predios agrediendo a un residente local —mientras la policía observaba sin intervenir— se hizo viral y encendió una indignación que rápidamente escaló a lo nacional.

Ese episodio marcó el nacimiento de lo que hoy se conoce como la “revolución de los flamencos”: manifestaciones diarias, generalmente a las seis de la tarde, que comenzaron como una pequeña concentración en el pueblo pesquero de Zvërnec y se convirtieron en las protestas más numerosas que vive Albania desde la caída del comunismo. Los manifestantes visten de rosa, portan globos con forma de flamenco y ondean banderas en las que el águila bicéfala del escudo nacional aparece reemplazada por un flamenco de dos cabezas. Sus consignas —“Albania no está en venta”, “Zvërnec es nuestro”, “Rama dimisión”— se han escuchado en las calles de Tirana en concentraciones que, según reportes de Euronews, han reunido a decenas de miles de personas, y se han replicado entre la diáspora albanesa en Grecia, Alemania y Reino Unido.

El primer ministro Edi Rama, quien lleva 13 años en el poder y ha sido una figura clave en el acercamiento de Albania a la Unión Europea, se ha mostrado desafiante frente al reclamo. En una entrevista con la revista Monocle, calificó el episodio de agresión al residente como “inaceptable” y defendió a Kushner como un inversionista “respetuoso” que quiere hacer las cosas “según las reglas”. Rama argumenta que el turismo, que representa cerca de una cuarta parte del PIB albanés, necesita virar hacia un modelo de “menos turistas, pero más dinero”, y descartó cualquier idea de negociar con los manifestantes: “¿Por qué tendría que llegar a un acuerdo? Fuimos elegidos por mayoría aplastante y tenemos un contrato con la mayoría de los albaneses”, declaró.

No todos en el sector turístico local rechazan el proyecto: el empresario hotelero Vasil Bedinaj, dueño de cuatro hoteles en Vlorë, cree que inversiones como la de Kushner pueden traer marcas y mano de obra profesional de la que Albania todavía carece. Pero otros, como el residente de Vlorë Baki Goxhaj, denuncian que la ley que protege las playas públicas fue modificada para permitir solo “inversiones de lujo”, y que ya se cercaron 7 km de costa para uso privado. Con la investigación penal contra Shehu abierta y las protestas sin señales de apaciguarse, el futuro del mayor proyecto inmobiliario ligado a la familia Trump en los Balcanes sigue en el aire.

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