La tensión alrededor de Ecopetrol se intensifica. El presidente de la Unión Sindical Obrera, Martín Ravelo, lanzó una de las advertencias más fuertes hasta ahora: la empresa podría enfrentar un escenario “catastrófico” si no se toman decisiones inmediatas sobre su liderazgo y estabilidad institucional.
El foco está en la permanencia de Ricardo Roa. En conversación con Blu Radio, el sindicato insiste en que la junta directiva debe apartarlo del cargo, al considerar que la compañía atraviesa un “impacto reputacional crítico” y problemas de flujo de caja que podrían escalar en el corto plazo.
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Una alerta que va más allá de lo reputacional
El punto más sensible del diagnóstico de la USO es financiero. Ravelo advirtió que un deterioro reputacional severo podría activar alertas en los mercados internacionales, especialmente entre acreedores, teniendo en cuenta que Ecopetrol mantiene cerca de 30.000 millones de dólares en deuda, en gran parte con capital extranjero.
En ese escenario, explicó, la empresa no tendría capacidad de responder a eventuales exigencias anticipadas de pago, lo que pondría en riesgo su estabilidad.
“Sin estabilidad institucional no hay estabilidad financiera”, es la línea que sostiene el sindicato.
La preocupación cobra mayor peso si se tiene en cuenta que la petrolera cotiza en la bolsa de Nueva York, lo que la obliga a cumplir estrictos estándares regulatorios.
Para la USO, cualquier afectación reputacional podría tener efectos inmediatos en la confianza de inversionistas y en el acceso a financiamiento.
“No se puede esperar”: presión directa a la junta
Ravelo fue enfático en que no es viable aplazar decisiones. “No creemos que se deba esperar un cambio de gobierno. Esto puede terminar convirtiéndose en algo catastrófico”, afirmó, elevando la presión sobre la junta directiva en un momento clave.
Aunque el sindicato asegura respetar la autonomía del órgano corporativo, también exige que actúe con independencia. En ese sentido, lanzó una advertencia directa: “lo peor que le puede pasar a Ecopetrol es que el gobierno de turno incida”.
El dirigente también rechazó versiones de una supuesta coordinación con el Ejecutivo y reiteró que la USO actúa de manera autónoma, con base en análisis internos sobre los riesgos que enfrenta la compañía.
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Diálogo abierto, pero con presión en la mesa
El sindicato confirmó que solicitó un espacio de diálogo con el presidente Gustavo Petro, aunque insiste en que las decisiones deben recaer en la junta directiva y no en la Casa de Nariño.
Mientras tanto, la organización no descarta escalar sus acciones. Ravelo dejó claro que, además de la huelga —que no es la única herramienta—, existen mecanismos como asambleas permanentes, mítines e incluso afectaciones a la producción de crudo y refinados.
El precedente: defensa histórica de la empresa
La USO recordó que ya ha recurrido a este tipo de medidas en momentos críticos, como la huelga de 2004 para evitar la privatización de la petrolera. “No vacilaremos en movilizar a los trabajadores si se trata de defender el principal patrimonio público del país”, advirtió Ravelo.
Por ahora, todas las miradas están puestas en la próxima decisión de la junta. El mensaje del sindicato es claro: el tiempo se agota y, si no hay cambios, la presión podría trasladarse de las declaraciones a las acciones.
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