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Necesitamos que cada vez más, las mujeres se sientan empoderadas para negociar, contribuyendo así a un futuro más equitativo y próspero como sociedad.
Por María Luisa Zapata Trujillo - JuntasSomosMasMed@gmail.com
Por estos días, el programa de Mujeres Líderes de Comfama y Proantioquia, con el apoyo de Marble Headhunter, nos ha invitado a reflexionar sobre la negociación, las mujeres y las barreras históricas y culturales que a menudo nos impiden lograr resultados equitativos.
La semana pasada, tres mujeres destacadas nos acompañaron en estas reflexiones. Por un lado, Beth Fisher – Yoshida de la Universidad de Columbia, experta en negociación y resolución de conflictos; y de otro lado, Catalina Rengifo de Microsoft y Cristina Vélez, Decana de la Universidad EAFIT. Aunque para algunos puede ser inusual e innecesario abordar este tema, es crucial que revisemos y analicemos las habilidades de negociación y las diferencias en este ámbito con respecto al género.
Es esencial revisar algunas de esas barreras que hacen que muchas mujeres tengamos menos habilidades de negociación con respecto a los hombres. Asuntos como los roles de género tradicionales, los estereotipos de género (mandados a recoger), la falta de modelos a seguir, la falta de confianza, la falta de acceso a oportunidades, entre otras. Nos habitan estas circunstancias, nos hemos construido y contado muchas historias desde ellas y es momento de construir una nueva dimensión hacia el futuro. Empezando por separar las historias buenas de las malas, reconocer nuestras fortalezas y reescribir las historias malas que nos repetimos, como intervenía Fisher-Yoshida.
Les comparto algunos consejos que se tejieron durante estas conversaciones: no dejar que las emociones dominen las negociaciones sino utilizarlas de manera estratégica, hablar con evidencia y cifras, sentirnos cómodas conociendo nuestro límites, negociar desde las necesidades y los intereses subyacentes que nos conectan como seres humanos en lugar de una determinada posición, reconocer que hoy la transparencia se premia en los negocios, fortalecer las habilidades de comunicación y autoconocimiento, recurrir a mentoras, practicar las negociación, estar conscientes de nuestra postura corporal, leer muy bien los contextos, informarnos y estudiar escenarios, por supuesto confiar en nuestra intuición.
Aprender a negociar no es un asunto menor. Dominar esta habilidad no solo trae buenas consecuencias en el plano individual, sino que implica una contribución para muchas mujeres a quienes como colectivo les abrimos caminos. Aprender a negociar, incluso en situaciones cotidianas es una fuerza transformadora para las mujeres, impactando su participación en otras dinámicas económicas, conectándose con nuevas oportunidades de empleo, permitiendo estudiar y emprender nuevos caminos; negociando mejor sus relaciones, permitiéndonos tener más autonomía sobre nuestras decisiones y muchos escenarios positivos más.
Necesitamos que cada vez más, las mujeres se sientan empoderadas para negociar, contribuyendo así a un futuro más equitativo y próspero como sociedad. Por esto, es tan importante que otras mujeres que hacen parte de escenarios de decisión, no solo lo celebren, sino que lo aprovechen para impactar a otras identificando las barreras existentes hacia la igualdad de género, incluida la necesidad de incrementar las habilidades de negociación.