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La trampa del voto dividido

hace 2 horas
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Por Aldo Civico - @acivico

Las elecciones legislativas del 8 de marzo dejaron un mapa que no admite lecturas optimistas para la oposición. El Pacto Histórico obtuvo el 23% de los votos y 25 escaños. Para un movimiento que hace una década era marginal en la política colombiana, mantener la primera bancada del Senado —con un gobierno desgastado— es, por sí solo, un dato político de primer orden. La izquierda ya no es un fenómeno episódico en Colombia, sino un actor estructural del sistema político.

Eso, por sí solo, cambia la ecuación presidencial. Iván Cepeda llega a la campaña con lo que ningún candidato de derecha tiene hoy: una base unificada, una maquinaria activa y los recursos del Estado orientados a la continuidad del proyecto. Petro, cuya gestión acumula críticas de fondo, ha logrado, sin embargo, lo que podría ser su mayor herencia política: mantener cohesionado al Pacto Histórico durante cuatro años de gobierno. En política, la unidad vale más que la popularidad. La derecha demostró fuerza y, a la vez, una contradicción de fondo. La Gran Consulta por Colombia movilizó cerca de 5,8 millones de votos —una cifra que supera con creces las de las consultas de centro e izquierda— y confirmó dos cosas: que el electorado antipetrista está vivo y que Paloma Valencia es hoy la figura central de la oposición, con más de 3,2 millones de votos. Pero ahí también apareció el desafío.

Juan Daniel Oviedo obtuvo 1,25 millones de sufragios. Para un tecnócrata sin partido ni maquinaria, esa cifra es extraordinaria. Representa algo que la derecha tradicional no ha sabido capitalizar: el votante urbano, técnico, de clase media, que rechaza a Petro pero tampoco se siente representado por el uribismo ideológico. Oviedo encarna ese espacio. La decisión de Valencia de sumarlo a su fórmula es estratégicamente correcta. La dupla tiene una lógica de complementariedad clara: ella aporta la base conservadora y la identidad de derecha; él, el perfil moderado y el electorado que la derecha sola no alcanza a captar. Es una fórmula que, sobre el papel, suma bien.

El problema es lo que queda fuera del papel. Abelardo de la Espriella sigue en carrera, disputando exactamente el mismo voto que Valencia. Y las encuestas empiezan a contar una historia que no puede ignorar: sus números bajan, mientras que los de Paloma suben. Cuando la curva va en esa dirección de forma sostenida, el cálculo estratégico cambia. Seguir con cifras decrecientes no es una demostración de fortaleza: es señal de que el voto que alguna vez fue suyo ya encontró otro destino. Cada punto que De la Espriella retiene es un punto que le falta a la oposición para ganar en primera vuelta.

El 8 de marzo mostró que la derecha puede ganar en Colombia. Lo que aún no mostró es que quiere hacerlo. Si De la Espriella se baja a tiempo y con altura política, puede ser una pieza clave para la victoria opositora. Si se aferra, puede ser la razón por la que pierden. Los números ya están hablando. La pregunta es si está dispuesto a escucharlos.

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