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Quedarse

El futuro del desarrollo no lo van a edificar quienes pueden irse. Lo van a edificar quienes deciden quedarse.

hace 41 minutos
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Por Juliana Velásquez Rodríguez* - opinion@elcolombiano.com.co

La semana pasada fui invitada a participar, en representación de Proantioquia, en el Global Empowerment Meeting del Harvard Center for International Development. Tres días de conversación entre académicos, gobiernos, organismos multilaterales, fundaciones y líderes empresariales del mundo, alrededor de una pregunta provocadora: cómo hacer el desarrollo de otra manera, en un mundo donde la arquitectura tradicional de la cooperación internacional está siendo reescrita. Proantioquia fue la única organización latinoamericana invitada al panel. Antioquia tiene algo que contar en esta conversación.

Llegué a esa mesa con una convicción que aprendí en mi casa antes de tener palabras para nombrarla: no hay empresas exitosas en sociedades fracasadas. Esa frase, casi un credo familiar, ha sido también la tesis institucional con la que Proantioquia ha trabajado durante 51 años. Crear riqueza y crear valor social no son proyectos distintos. Son el mismo proyecto visto desde dos perspectivas que confluyen.

A los participantes del panel les sorprendió un detalle no menor. Proantioquia no nació como respuesta a la crisis. Fue fundada en 1975, antes de las décadas más oscuras de Medellín. La crisis no creó el modelo. La crisis reveló por qué el modelo importaba. Esa diferencia parece menor pero lo cambia todo. Porque si la lección que extrae el mundo de Antioquia es que la articulación empresarial nace en la emergencia, entonces estamos condenados a esperar el colapso para organizarnos. La verdadera lección es la contraria. Una región no se transforma porque la crisis la obligue. Se transforma porque mucho antes, alguien decidió creer que valía la pena cuidarla. Las regiones necesitan liderazgo privado con propósito público antes de que llegue la crisis, no como respuesta a ella. La resiliencia no es lo que la crisis deja después. Es lo que la convicción construye antes.

Por eso en Antioquia nuestra identidad y cultura empresarial trasciende el concepto de solidaridad. La solidaridad suena a reacción, a algo que aparece cuando llega la emergencia. Lo nuestro es más permanente y más exigente: una corresponsabilidad del sector privado con el territorio en el que opera. La convicción de que ninguna empresa prospera en un territorio que colapsa, de que ningún mercado funciona sin confianza, de que ninguna inversión es sostenible sin instituciones. No es filantropía. No es responsabilidad social empresarial. Es una manera de entender el liderazgo, sostenida en el tiempo, hecha de decisiones pequeñas y compromisos grandes. Esa corresponsabilidad es la que estamos sosteniendo hoy en Urabá, que fue el ejemplo que expusimos como el cambio de un sistema. Convocamos veinticinco instituciones, empresas, gobiernos, universidades, puertos, organizaciones sociales y liderazgos territoriales, alrededor de un horizonte de diez años. Ni un proyecto ni un programa. Un horizonte. En un territorio acostumbrado a la fragmentación y al ciclo político corto, ponerse de acuerdo en una década es la transformación más profunda que se puede pedir.

Y aquí está la idea con la que vuelvo de Harvard, pensando en este 2026 colombiano. Los territorios no se transforman con más intervenciones, ni con más cooperación, ni con más programas. Se transforman cuando los actores locales están suficientemente articulados para sostener una visión propia de futuro, y para construir desde esa visión las alianzas que el territorio necesita. Un territorio articulado a largo plazo no es uno que se cierra. Es uno que se conoce, sabe lo que quiere, y por eso puede recibir lo que llega de afuera sin perder el rumbo.

Hablar de desarrollo en Colombia hoy es alzar la mirada por encima de la coyuntura. Las elecciones pasan. Los proyectos pasan. Los gobiernos pasan. Lo que verdaderamente cambia un territorio es la presencia sostenida de quienes deciden quedarse y articularse durante décadas, sin esperar permiso, sin esperar la crisis, y sin renunciar a la convicción de que el futuro de un territorio se construye desde adentro.

El futuro del desarrollo no lo van a edificar quienes pueden irse. Lo van a edificar quienes deciden quedarse.

*Presidenta ejecutiva Proantioquia

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