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La democracia entra en acción

hace 15 horas
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Por Armando Estrada Villa - opinion@elcolombiano.com.co

Con la parafernalia propia de todas las campañas electorales: manifestaciones, movilizaciones, vallas, pasacalles, volantes, cuñas en radio y televisión, noticias y anuncios en los periódicos y las redes sociales, propuestas, discursos, debates y promesas de partidos y candidatos, la democracia electoral entra en acción para invitar a los ciudadanos a votar en las elecciones de marzo y mayo, a sabiendas que todos pueden hacerlo si lo quieren.

Es válido formular tres preguntas para conocer el significado y alcance del proceso electoral. En primer lugar, ¿Por qué votar? En democracia, el ciudadano vota, con plena libertad, para ejercer el derecho de elegir presidente y legisladores y así formar el gobierno y definir la oposición; las elecciones son el mejor escenario para resolver en paz los conflictos por el acceso al poder; también, porque garantiza el abandono pacifico del poder por quien lo ejerce al terminar el período para el cual fue elegido, y asimismo, porque hace moralmente tolerable la sujeción del individuo al poder, hasta el punto que obedece una ley que no comparte y a un presidente por el que no votó.

En segundo lugar, ¿Para qué votar? Expresa el artículo 3 de la Constitución que la soberanía reside exclusivamente en el pueblo, del cual emana el poder político y son las elecciones el mecanismo que permite al pueblo ejercer el poder soberano que ostenta y elegir a sus representantes, para que garanticen el ejercicio de principios y fines del Estado social y democrático de derecho como la dignidad humana, la solidaridad, el pluralismo, la participación y la prevalencia del bien común y se utilice el poder por el elegido para solucionar problemas como pobreza, desigualdades económicas y sociales, desempleo, corrupción, inseguridad, entre otros, en procura del mejoramiento del nivel de vida, la puesta en marcha de políticas de bienestar y la promoción del ser humano.

En tercer lugar, ¿Por quién votar? No puede desconocerse que hay argumentos que provocan alta abstención electoral, en vista del descrédito de la política, los partidos y los políticos a causa de la corrupción, la ineficiencia de gobiernos, el clientelismo, las promesas incumplidas, la inseguridad, partidos que se sirven más así mismos que al pueblo, a lo que se agrega su responsabilidad por la patología del voto: comprado, forzado o clientelizado.

En la presente campaña hay candidatos a presidencia y congreso para todos los gustos, buenos y malos, que cubren un amplio espectro ideológico y ofrecen opciones para que el elector escoja el partido, el candidato o el programa de su preferencia.

¿Por quién votar? No voy a dar nombres, pero si criterios que permitan escoger entre aquellos que los reúnan: experiencia en el manejo de asuntos estatales, trasparencia y honradez en actuaciones públicas y privadas, establezcan prioridades y enfoquen el gasto público a lo necesario, mantengan y respeten los compromisos internacionales, gobiernen sin ajustes de cuentas, ya que el pueblo reclama soluciones, no riñas; posean destreza para manejar instancias de polarización política y habilidad para evitar divisiones que generen graves conflictos; tengan capacidad para innovar; formulen promesas viables; fijen como prelación la defensa del bien común, en fin, que se trate de candidatos con empatía, tolerancia e inclusión, que prefieran la moderación a los extremismos radicales y escapen del optimismo fácil y del pesimismo definitivo. Varios de los candidatos en franca lid satisfacen estos criterios sobre el buen gobierno y la buena política, así que hay por quién votar. ¡Corresponde al ciudadano tomar la decisión que crea más conveniente!

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