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¿Cambiar un catecismo por otro?

Los retos y las oportunidades de la educación en Colombia están sobrediagnosticados. Llegó la hora de hacer.

hace 1 hora
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  • ¿Cambiar un catecismo por otro?

Por Juan Carlos Manrique - opinion@elcolombiano.com.co

Ilva Myriam Hoyos es la nueva ministra de Educación. Tuve la fortuna de ser su alumno y doy fe de sus calidades humanas e intelectuales. Sin embargo, me preocupa que el Ministerio se convierta en escenario de batallas ideológicas. Sería simplificar de manera perversa la educación.

Durante años he criticado el adoctrinamiento político liderado por Fecode. Resolver ese problema no nos debería llevar a parecernos a aquello que combatimos.

Ken Robinson sostenía que las escuelas matan la creatividad. La educación está para enseñar a pensar y tomar decisiones para salir a buscar las distintas verdades. Su función es ampliar la libertad en todo sentido.

Eso no significa imaginar una educación neutral. Ninguna lo es. Toda educación transmite valores, una idea de ciudadanía y una manera de relacionarse con los demás. La frontera está en otro lugar: una cosa es educar en principios humanos y otra conducir al estudiante hacia respuestas impuestas.

La educación debería ser uno de los pocos lugares donde un joven pueda encontrarse con ideas que contradicen las de su familia, su profesor, su sindicato, su iglesia y su gobierno. Un lugar para hacerse preguntas difíciles, descubrir capacidades que nadie había visto y construir sus propias respuestas.

Howard Gardner cuestionó hace décadas la idea de que exista una sola forma de inteligencia. Su planteamiento sigue siendo útil porque obliga a preguntarnos por qué seguimos educando como si todos debieran demostrar su talento de la misma manera.

Cada vez importan más las capacidades que una persona pueda combinar y recombinar: pensar con rigor, crear, comunicar, trabajar con otros y aprender de nuevo cuando el mundo cambia. La educación debe parecerse menos a un molde y más a un Lego: conocimientos y capacidades que puedan ensamblarse de maneras distintas a lo largo de la vida, en un proceso permanente de transformación.

La inteligencia artificial vuelve urgente esa transformación. Si una máquina puede recuperar en segundos buena parte de la información que durante décadas teníamos que memorizar, el valor estará cada vez más en saber preguntar, discernir, conectar ideas, crear y tomar decisiones innovadoras.

La educación sigue siendo uno de los instrumentos más poderosos para evitar que la cuna de una persona determine su destino. Sigue siendo uno de los instrumentos más poderosos para lograr, por fin, el anhelado sueño de la movilidad social.

Tengo la esperanza de que José Manuel Restrepo, desde la Vicepresidencia, incida en esta conversación. Su experiencia universitaria y su visión de la educación como factor de innovación y aprendizaje permanente pueden ayudar a impulsar un modelo más abierto al mundo, más flexible y centrado en las capacidades que exige este siglo. El mundo va a seguir a mil. Por eso, escoger las conversaciones verdaderamente importantes es la clave.

Pero la responsabilidad del Ministerio está hoy en manos de Ilva Myriam Hoyos. Y tiene unos retos y unas oportunidades enormes. Los retos y las oportunidades de la educación en Colombia están sobrediagnosticados. Llegó la hora de hacer.

Cambiar un catecismo político por uno religioso no sería transformar la educación. Sería apenas cambiar de catecismo.

Si la clave de la educación fuera la lucha de catecismos, hace rato Colombia sería una potencia humana con una equidad envidiable.

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