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Sí o sí tenemos que ahorrar

Medellín ha demostrado muchas veces que sabe unirse ante los desafíos. Esta debe ser otra oportunidad para hacerlo.

hace 1 hora
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  • Sí o sí tenemos que ahorrar

Por Josefina Agudelo Trujillo - josefina@tcc.com.co

Paradójicamente, los seres humanos valoramos más las cosas cuando sentimos que las vamos a perder. Nos acostumbramos a abrir la llave y ver salir el agua, como si fuera un acto automático, permanente e infinito. Pero la realidad nos está recordando, con fuerza, que no lo es.

Desde hace varios meses la evidencia científica advierte sobre la alta posibilidad de un fenómeno de SUPER NIÑO. Aun así, muchos de nosotros estábamos en negación. Medellín ha sido percibida como una ciudad relativamente menos vulnerable frente a la escasez de agua. Vivimos rodeados de montañas, quebradas y lluvias frecuentes, y eso nos ha dado una sensación de seguridad que hoy debemos revisar con humildad.

La reciente crisis del embalse de Piedras Blancas prendió las alarmas. Las fuentes hídricas que abastecen la ciudad están aportando aproximadamente el 95% de la demanda, una cifra que evidencia tanto la fortaleza de nuestro sistema como la presión a la que está sometido. Y lo más preocupante es que todavía podríamos enfrentar hasta seis meses adicionales de tiempo seco.

La pregunta entonces no es si debemos ahorrar agua, sino cuánta agua somos capaces de ahorrar. ¿Cuánto es suficiente? La respuesta, aunque sencilla, es exigente: lo máximo que podamos. Cada litro cuenta. Cada hábito importa. Cada hogar, empresa, institución y comunidad que atiende EPM tiene una responsabilidad concreta en este momento.

Ahorrar no significa vivir con miedo ni renunciar al bienestar. Significa usar con conciencia un recurso esencial. Significa cerrar la llave cuando no se necesita, reparar fugas, reutilizar cuando sea posible, moderar consumos y entender que el agua que dejamos de gastar hoy puede hacer falta mañana. El ahorro no puede ser una reacción pasajera ante la emergencia; debe convertirse en una cultura ciudadana permanente, sencilla en sus gestos diarios, pero enorme en sus efectos colectivos.

Además, en nuestra realidad, hablar de agua es también hablar de energía. Buena parte de la energía que consumimos depende de la disponibilidad de los embalses y de la estabilidad de los ciclos hídricos. Cuando ahorramos agua, también contribuimos a proteger la capacidad de generar energía; y cuando ahorramos energía, reducimos presiones sobre un sistema que necesita equilibrio, previsión y corresponsabilidad.

Por eso el llamado no puede quedarse solamente en duchas más cortas o en cerrar la llave mientras nos cepillamos los dientes, aunque esos actos importan. También debemos preguntarnos cómo usamos la electricidad, cuántas luces dejamos encendidas, cuánto aire acondicionado o equipos mantenemos funcionando sin necesidad, y qué hábitos podemos cambiar en la casa, en las empresas, en los edificios públicos y en los espacios comunitarios.

Entre el terremoto reciente y la sequía que se anuncia, la naturaleza parece estar enviándonos una señal clara sobre nuestra vulnerabilidad. Nos recuerda que no controlamos todo, que dependemos profundamente de los equilibrios ambientales y que la infraestructura, por sólida que sea, necesita del compromiso de todos.

Medellín ha demostrado muchas veces que sabe unirse ante los desafíos. Esta debe ser otra oportunidad para hacerlo. Cuidar el agua no es una tarea de otros ni una responsabilidad exclusiva de las autoridades o de las empresas prestadoras del servicio. Es una decisión diaria, íntima y colectiva.

Sí o sí tenemos que ahorrar. Porque el agua no es infinita, porque la ciudad la necesita y porque la verdadera abundancia comienza cuando aprendemos a cuidar aquello que todavía tenemos.

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