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El vendedor de biblias

El candidato republicano puede ser acusado y condenado por abuso sexual, pero él se ríe, y luego vende biblias. Sabe que sus seguidores las comprarán por miles.

03 de abril de 2024
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  • El vendedor de biblias
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Por David E. Santos Gómez - davidsantos82@hotmail.com

A esta altura del caos que significa la carrera de Donald Trump está claro que el multimillonario utiliza la política como medio para ampliar su riqueza. El expresidente está muy lejos de entender el ejercicio de lo público como un apostolado por el bien común —la verdad es que escasos gobernantes lo entienden así— y no tiene pudor en destapar las cartas de su interés monetario cuando pide donaciones que transforma en dinero para su bolsillo o saca a la venta pines de solapa, gorras rojas con su eslogan de MAGA (Make America Great Again) o tenis dorados con sus iniciales por un valor de 400 dólares (1.600.000 pesos colombianos).

En esa búsqueda de capitalizar cualquier artículo, en esa locura de capitalismo voraz que socaba la sociedad, ha dado un nuevo paso al mezclar nacionalismo con valores cristianos, porque todo se vende y todo se compra. En el mercado está, desde la semana pasada, la Biblia de Trump. La denomina God Bless The USA Bible en la que mezcla los textos sagrados con copias de documentos fundacionales de E.U. y el himno de la nación. El precio es de 60 dólares. “Vamos a hacer que América rece de nuevo”, dijo en su promoción.

El candidato republicano a la presidencia busca recolectar desesperadamente el dinero que lo ayude a pagar sus multimillonarias deudas por movimientos fraudulentos y corruptos realizados como empresario y como político. Está convencido de que, con su retórica radical y racista, misógina y demagógica, alcanzará la reelección para gobernar entre 2025 y 2029. Si no lo logra vendrán sus seguros lloriqueos y falsas acusaciones de fraude para después retirarse con sus arcas llenas de dinero.

La venta de la Biblia de Trump, como ya se conoce a su nuevo emprendimiento, es tan solo el último ejemplo de la pauperización a la que llegó la democracia estadounidense, cooptada por un discurso banal aplaudido por decenas de millones de adeptos. Que un personaje como este, con una presidencia llena de momentos oscuros y de graves acusaciones legales, sea el más opcionado para ganar en noviembre, retroalimenta su idea de que a él todo se le permite. Nunca tendrá que responder por sus errores o sus corruptelas. Nunca se considerará que ha ido demasiado lejos. Puede ser acusado y condenado por abuso sexual, pero él se ríe, y luego vende biblias. Sabe que sus seguidores las comprarán por miles.

El uso del proceso electoral como un mercado de objetos por parte de sus competidores es un disparo más al corazón de la democracia estadounidense, herida por un fanatismo enfermo y una radicalización irreconciliable de su bipartidismo. Sin posibilidad de consensos ni esperanza de diálogo, con la verdad distorsionada por los objetivos más perversos, el principal causante de la división de su nación se frota las manos mientras transforma la idea del bien común en espacio para la rapiña. La gobernanza es para Donald Trump el bazar de sus intereses.

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