x

Pico y Placa Medellín

viernes

3 y 4 

3 y 4

Pico y Placa Medellín

jueves

0 y 2 

0 y 2

Pico y Placa Medellín

miercoles

1 y 8 

1 y 8

Pico y Placa Medellín

martes

5 y 7  

5 y 7

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

6 y 9  

6 y 9

La tía Aura

Y si decidí hablar de esta mujer que nos dejó llenos de tantas cosas bonitas, de tantísimo amor, es porque en este mundo hay personas invisibles que mueven la humanidad desde su noble vida cotidiana.

14 de marzo de 2024
bookmark
  • La tía Aura
  • La tía Aura

Por Diego Aristizábal - desdeelcuarto@gmail.com

Hoy hablaré de alguien que la mayoría de personas que leen esta columna no tuvieron la fortuna de conocer. Nunca fue noticia, nunca apareció en un medio de comunicación, ni se ganó un premio, nada, un ser casi anónimo para el mundo y, por lo mismo, un ser excepcional para quienes crecimos repitiendo esa combinación tan bonita de parentesco y nombre: la tía Aura.

Mis recuerdos con la tía Aura son muy tempranos, porque fueron muchísimas las veces que mis padres, cuando tenían que hacer alguna vuelta, o no teníamos que ir al colegio, nos dejaron en su casa, con los primos. Y en esa casa hay muchos recuerdos, pero nunca olvidaré que justo ahí aprendimos, literal y metafóricamente, a volar; los armarios y las camas como pistas de aterrizaje sí que saben de eso, las paredes también. Y mientras las tablas hacían su mejor esfuerzo para no romperse, y nuestros huesos también, a la tía lo único que le importaba era que fuéramos felices.

Mi tía Aura tenía la virtud de tratarnos a todos con el mismo amor, no escatimaba en cariño, nunca se enojaba, al menos a mí no me tocó. En su casa cabíamos todos, con mayor razón cuando murió la abuela paterna. De esa casa uno siempre salía con el ego muy alto, porque sus palabras eran prolijas en piropos: ‘como está de garboso’, ‘de bonita’, ‘vea qué tan inteligente...’, y sus abrazos y besos estaban cargados de ese olorcito a almuerzo, porque en esa casa nadie aguantaba hambre. Todos hablábamos con la tía Aura, le consultábamos cosas, nos mantenía al día, por algo un tío le puso “radiecito”, porque no era sino llamarla para que supiéramos en detalle cómo estaban los demás familiares.

Y si decidí hablar de esta mujer que nos dejó llenos de tantas cosas bonitas, de tantísimo amor, es porque en este mundo hay personas invisibles que mueven la humanidad desde su noble vida cotidiana. Colombia es un país de tías, de mujeres que se echan al hombro la crianza de hijos propios y de la parentela más cercana, y son tratados con ese cariño que empuja para enfrentar la vida. Las tías son fuerza pura y vital, y sin ese amor el universo estaría cojo, incompleto. Me atrevo a decir que todos tenemos una tía, un pariente que nos salva la vida todo el tiempo y abraza en la confianza.

Justo hace ocho días despedimos a la tía Aura en una ceremonia tranquila, llena de gratitud. Hoy es un viento suave y apacible que nos colma, que nos recuerda la dicha de estar vivos y querernos como familia.

Sigue leyendo

Te puede Interesar

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD