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Impaciencia y salto al vacío

Las coordenadas de izquierda o derecha que resultan determinantes para los analistas pasan a un segundo plano en unas naciones angustiadas, cansadas y empobrecidas, que no reciben respuestas de sus gobiernos y que, cuando tienen que elegir, usan su voto como un castigo.

29 de noviembre de 2023
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  • Impaciencia y salto al vacío

Por David E. Santos Gómez - davidsantos82@hotmail.com

El triunfo del libertario Javier Milei en las presidenciales de Argentina revalida la dificultad de los oficialismos latinoamericanos para dar continuidad a gobiernos que administraron en medio de la pandemia. El sorprendente repunte del peronista Sergio Massa en la recta final de la campaña, que incluso le dio el liderato en la primera vuelta aún siendo el ministro actual de Economía con un 140 por ciento de inflación interanual, fue insuficiente para frenar la rabia de la ciudadanía y su búsqueda desesperada de cambio de signo político. Argentina, más que una excepción, sigue el comportamiento de la mayoría electoral del hemisferio. El que esté en el Ejecutivo debe olvidarse de una reelección o de la victoria de un heredero. Así ocurrió en Chile, en Brasil e incluso en Colombia. En todos los casos se votó para dar un timonazo a la realidad existente.

El proceso del sur es revelador. Inclusive la fórmula de un personaje como Milei, errático e inexperto, acompañado por Victoria Villarruel, su vicepresidenta que tiene declaraciones negacionistas de la dictadura y es amenazante con aquellos que piensan diferente, bastó para un pueblo que exige una alternativa a lo conocido. Sus propios votantes, ante los cuestionamientos de las credenciales del nuevo presidente, insisten en que prefieren un salto al vacío antes que continuar la agonía lenta y dolorosa en la que está sumido el país desde hace años.

Las coordenadas de izquierda o derecha que resultan determinantes para los analistas pasan a un segundo plano en unas naciones angustiadas, cansadas y empobrecidas, que no reciben respuestas de sus gobiernos y que, cuando tienen que elegir una nueva administración, usan su voto como un castigo.

El último lustro ha sido un camino de dificultades para América Latina. Las economías, afectadas por la pandemia y una recomposición de los mercados mundiales tras la invasión rusa a Ucrania, han mostrado números negativos por mucho tiempo y la recuperación prometida no va al ritmo esperado. La impaciencia política es una de las características más frecuentes en las sociedades contemporáneas y el margen de maniobra de una nueva administración es casi nulo. El ánimo resulta tan variable que la ilusión por un nuevo gobierno dura poco y en cuestión de meses, si no hay resultados tangibles, la popularidad de los ejecutivos termina por caer al suelo.

Veremos qué sucede en Argentina. El experimento de cambio radical al que se abocó será el más dramático de todos los conocidos. En poco más de diez días la Casa Rosada tendrá en Javier Milei a un inquilino que promete tierra arrasada para empezar de nuevo. Su discurso, violento en lo político y experimental en lo económico, tiene un lapso muy estrecho para brindar soluciones. De lo contrario, en un país al borde del abismo y acostumbrado a tomar las calles, aquellos mismos que lo votaron exigirán con vehemencia que se vaya, incluso antes de que termine el periodo para el que fue electo.

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