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Por Juan David Escobar Valencia - opinion@elcolombiano.com.co
La semana anterior vi a la nueva aspirante del petrosantismo a la presidencia, reemplazando a su ratonil esposo que no ha podido todavía, burlar a los organismos de control y justicia que con sobradas razones impiden su postulación. Por alguna extraña razón recordé la fábula de Rafael Pombo en la que un hijo de rana, muy tieso y muy majo, desobedece a su madre y orondo se va a la fiesta de “Doña Ratona” quien, gracias a su repentino enriquecimiento, era la anfitriona de las francachelas y comilonas del clan ratonil. Pero la fiesta se convirtió en una escena centrífuga cuando las ratas huyen por culpa del raticida operativo sorpresa de un escuadrón gatuno.
Hay ejemplos históricos de dictadores y/o bandidos que, ante algún impedimento para permanecer en el poder, intentan convertir a sus esposas en herederas del cargo para continuar abusando del mismo y desfalcando el tesoro público. Si una mujer se casa con un delincuente es porque: 1) es tan tonta, (o se hace) que no se da cuenta con quién se casó, o 2) es cómplice y hasta inspiradora del delictivo consorte.
Menciono “joyitas” que ejemplifican la segunda alternativa. La temible Jiang Qing, una trepadora que conoció, en sentido bíblico, todos los “miembros” del partido comunista chino hasta convertirse en parte de la “Banda de los Cuatro” y amante del perverso de Mao Zedong, acusada de instigar la muerte de 3 millones de chinos. Nexhmije Hoxha, mujer del dictador estalinista de Albania entre 1945 y 1991, era al menos tan mala y corrompida como él. Leila Trabelsi saqueó sin piedad el erario tunecino en compañía de su esposo el dictador Ben Alí entre 1992 y 2011, aunque la población le temía más a ella que a él. Simone Gbagbo, primera esposa del dictador y desfalcador de Costa de Marfil, Laurent Gbagbo, acusada de hasta organizar escuadrones de la muerte. Grace Mugabe, consorte del infame dictador de Zimbabue durante 37 años, (adicta al lujo y que exigía que la llamaran “doctora” porque se matriculó unos meses en la universidad, ¿San Marino?), vio frustrada su intención de suceder a su decrépito esposo por el golpe militar del general Chiwenga. Michèle Duvalier, mujer del dictador haitiano conocido como Bébé Doc, contribuyó sin rubor al desfalco del arruinado país; e Imelda Marcos en Filipinas, derrochó a “dos pies” y ocupó cargos públicos en la dictadura de su esposo Ferdinand.
Para irnos acercando, incluyamos a Rosario Murillo, codictadora del depravado camarada Daniel Ortega en Nicaragua y “presidente elegida” para sucederlo desde 2016. Vimos a Cilia, mujer del marxista con ánimo de lucro Nicolás Maduro y expresidenta de la Asamblea Nacional, votando veneno en un tribunal de New York al ver en peligro la fortuna billonaria de su clan narcotraficante.
Pero también en un vallecito de la cordillera de los Andes, una tribu cleptómana y ratonil desfalcó la ciudad que casi destruyen mientras “gobernaron”. Ahora el cabecilla de la banda, que no ha podido conseguir ser candidato a la presidencia porque la justicia lo tiene en la mira, pretende que su esposa “Doña Ratona”, incluso falsificando avales, lo reemplace para seguir como vampiros (ratones voladores), desangrando las arcas públicas.