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Ojalá con Petro no nos pase lo mismo que con Santos

hace 18 horas
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Por Juan David Escobar Valencia - opinion@elcolombiano.com.co

Hace 8 años, un día antes de la esperada salida de JuanMa de la presidencia, escribí la columna “¡Hasta nunca!” en la que con tristeza y esperanza dije que sus años en dicho cargo: “parecieron siglos, más por el sufrimiento que por las hojas del calendario. Sin embargo, es buena noticia la partida del peor presidente de la historia de Colombia, pues al menos concluye su presencia, así los males que deja incubados sean como infecciones resistentes a los antibióticos que, con buena suerte, mucho trabajo y sacrificios, esperamos sean reducidos a males menores; y si todavía somos capaces de aprender, sirvan de precedentes para no repetir tantos errores.

La ilusión sicológicamente puede asociarse con una esperanza que genera alegría, pero como fenómeno físico es un engaño sensorial que se aleja de la realidad. La realidad posterior a la salida de quien traicionó al país para ganarse una medalla en Oslo no fue tan feliz como muchos aspirábamos, incluso sufrimos una dosis superada de perversidad porque los “males” que dejó incubados eran tan dañinos que llevaron 4 años después a la presidencia a otro “camarada” peor que él. Ese día dije que Santos: “en vez de encontrar maneras para que la mayoría de los colombianos, gente buena que aspira una mejor vida pero sin dejar de cumplir la ley y hacer el bien, encontrasen recompensas por su abnegación y esfuerzo; en vez de ello, borró las fronteras de los poderes públicos y dejó heridas de muerte a las instituciones, pero institucionalizada la putrefacta idea que ser decente es para los idiotas y en cambio ser pillo es un gran negocio, pues quien incumple la ley, roba, mata, secuestra, viola niños, envenena los ríos, la mente y la sangre de las personas, en vez de castigo, se le premia con impunidad y dinero público, se le convierte automáticamente en actor político aunque no represente a nadie de la sociedad, y además se les encarga a sus “admiradores” a que escriban la historia.”

Quien blanqueó, legalizó y premió a un grupo de narcoterroristas encontró a alguien que lo superara. El cáncer incubado en su venenoso acuerdo de “impunipaz”, en contra de la voluntad popular, hizo luego metástasis con la perversa “paz total”, y llevó al extremo el mismo siniestro concepto al decir que si a la ilegalidad se le quitaba la letra “i” entonces ya no existiría ni delito ni delincuentes. En manos expertas “Todo es susceptible de empeorar”.

A días de que el alucinado marxista deje su cargo, ¿o tal vez se fugue?, siento la misma mezcla de sentimientos: dolor e ilusión. Quiero creer que conjuntamente, el nuevo gobierno y quienes ejercieron durante estos dolorosos años una oposición genuina y valiente a pesar de todo los riesgos, todos, sin pensamientos tribales o partidistas, podremos lograr que esta vez, y en las elecciones del 2030 que es mi insistencia, rompamos definitivamente esa serie destructiva.

Como dije hace 8 años, vuelvo hacerlo al saliente: “Desearle lo peor no puedo porque no me educaron como a usted, pero si pido al cielo que una “injusticia” más se haga, y es que de lo bueno, lo más poquito le toque. Jubilosa la hora en que te vas y ¡hasta nunca!”.

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