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Por Alejo Vargas Velásquez - vargasvelasquezalejo@gmail.com
Como lo hemos mencionado, estamos presenciando cambios geopolíticos; el orden internacional que se configuró en 1945 que se basaba en acuerdos mínimos entre grandes potencias acerca de las reglas de juego está en mutación, donde como señala Michel Foucher el “diálogo permanente entre Estados soberanos en el que la fuerza no era un fin en sí misma, ya que existían objetivos concretos y marcos comunes. A este diálogo se le ha llamado «diplomacia» y me pregunto si la era de esta «diplomacia» no habrá llegado a su fin...”
Y señala en una entrevista en Le Grand Continent: “Las tragedias de la Segunda Guerra Mundial llevaron a Estados Unidos a crear las instituciones de un orden internacional liberal...La derrota de Francia y del Reino Unido en Suez, en 1956, selló el fin de su dominio mundial. El colapso de la Unión Soviética en 1991 supuso un periodo de unipolaridad para Estados Unidos, con sus excesos que llevaron a Irak y a las interminables guerras en Medio Oriente... Ante estas tres rupturas estructurales, hay que preguntarse en cada caso qué queda. Son momentos en los que el orden se reconfigura. La pregunta que queda abierta hoy es si de ello surgirá un orden o solo el caos.”
Algunos, más soñadores que pragmáticos, plantean que se puede estar frente al relevo de la potencia norteamericana, pero Michel Foucher plantea ideas aterrizadas al respecto: “El auge de China es espectacular: su producto nacional bruto se ha multiplicado por más de 15 desde su entrada en la OMC en 2001, impulsada por Estados Unidos... Pero es prematuro diagnosticar una translatio imperii, es decir, una transferencia de poder: a China le falta una moneda de reserva internacional, un historial como potencia hegemónica del orden internacional y un gran atractivo social, cultural y político. China no pretende exportar su modelo ni defender valores universales. Se presenta como un polo de estabilidad y saca partido de los errores de la Casa Blanca. Con Trump, ha conseguido sobre todo lo que ansiaba: el estatus de potencia al mismo nivel que Estados Unidos.”
El almirante Pierre Vandier decía, a propósito de los cambios en la OTAN, “«En tiempos de crisis, se tiende a querer volver al mundo de ayer, mientras que en épocas de conmoción hay que avanzar hacia un mundo nuevo». El análisis del rol de la OTAN como alianza político-militar y su última cumbre de Ankara deja ideas acerca de estos cambios. En esta cumbre se posiciona como tema central, derivado de la guerra de Ucrania, la industria de defensa -la disuasión no es solo el número de tropas a aportar, sino la capacidad y velocidad de producir municiones, drones, repuestos, sistemas de defensa-. Hubo cinco objetivos que se clarificaron: 1. El vínculo transatlántico; 2. el cumplimiento de compromisos de gasto; 3. Una Europa más fuerte hace una OTAN más fuerte; 4. se renueva el apoyo a Ucrania -mayoritariamente a cargo de Europa-; 5. se colocan como amenazas de amplio espectro la exigencia que Irán no acceda a armas nucleares y que respete libertad de navegación por el Estrecho de Ormuz, enviando un guiño a USA.